Los panameños tienden a moverse influenciados por las modas o las noticias actuales, gradualmente olvidando hechos, dilemas y problemas pasados, al enfocarse en nuevos acontecimientos. Es fundamental recordar la importancia del control del gasto público, con el objetivo de proteger y salvaguardar los fondos que ingresan al Estado. Estos deben ser administrados de manera eficiente e inteligente para satisfacer las necesidades del pueblo panameño.
El control del gasto público no solo implica mantener las cuentas al día y tener un Estado reducido y eficiente con una planilla bien gestionada, sino también evitar gastos en cuestiones superficiales. El desafío radica en definir claramente qué se considera un gasto superficial.
Un ejemplo de esto se encuentra en los pasados “Desfiles de las Mil Polleras”. Es indiscutible el impulso económico y la relevancia de este evento para el turismo y el orgullo nacional. No obstante, recientemente se ha informado sobre el uso de recursos públicos para que diversas entidades gubernamentales y ministeriales asistieran al desfile.
No nos referimos a los gastos públicos relacionados con la organización del desfile en sí, sino más bien a gastos diversos, como el uso de vehículos y combustible del Estado para transportar a los funcionarios que participan en el desfile. También consideramos los posibles costos asociados a vestimentas, fotógrafos, maquillaje, alimentos y otros elementos necesarios para que nuestras autoridades y empleados públicos puedan presentarse ante la ciudadanía de manera adecuada.
Es fundamental aclarar que mis palabras no deben ser malinterpretadas. Es de suma importancia que cualquier funcionario público y la institución en la que trabaja participen en todas las actividades relevantes, especialmente aquellas que celebran nuestro orgullo como panameños. Sin embargo, los gastos asociados a dichas actividades deben ser cubiertos íntegramente por el funcionario público, utilizando sus propios recursos.
Se propone que cada funcionario cubra sus propios gastos de transporte, vestimenta y otros. En el pasado, la mayoría de los funcionarios públicos planificaban con suficiente antelación y en colaboración con sus colegas diversas actividades a lo largo del año, fuera del horario laboral, que les permitían asistir a desfiles y otras actividades similares. Esta práctica parece haberse perdido y ha sido reemplazada por el uso de recursos provenientes de los impuestos.
Esta situación no es nueva, lo podemos ver en otros desfiles y actividades, a lo largo del año, en donde nuestros impuestos son utilizados por la política de turno, en enaltecer el nombre del funcionario y no lo que representa el desfile en sí. En pocas palabras, si un político de turno o cualquier funcionario quiere asistir, el mismo debe pagarse enteramente todos sus gastos.
Esta situación no es reciente y parece ser más común que antes; con el tiempo, se ha vuelto una práctica habitual. Se pueden encontrar ejemplos similares en el pasado, como cuando se financiaban operaciones estéticas para funcionarios con buenos ingresos que no cubrían sus propios gastos. También cuando se cubrían los costos de pasajes, hoteles y otros gastos de las parejas de políticos durante sus viajes al extranjero o de sus familiares. Estos acompañantes pueden viajar, pero todos sus gastos deben ser cubiertos por ellos mismos y no con fondos públicos.
Cuando un funcionario asiste a un desfile determinado y es acompañado por una comitiva, dichos gastos deben ser cubiertos por cada uno de ellos de su propio bolsillo, sin utilizar recursos del Estado para este fin. Para evitar que esta situación se repita anualmente, independientemente del gobierno en el poder, es necesario establecer una ley que especifique que, en el caso de desfiles populares y eventos festivos con la asistencia de funcionarios públicos, estos gastos deben ser cubiertos íntegramente por ellos mismos. En resumen, pueden asistir, participar y formar parte del desfile, dando un buen ejemplo, pero sin utilizar recursos públicos para ello.
Como panameños, comprendemos profundamente nuestra idiosincrasia; somos, en su mayoría, personas amables y trabajadoras. Sin embargo, es imperativo dirigir nuestros recursos, desde los más pequeños hasta los más grandes, hacia áreas que realmente lo necesitan, como la salud, la educación y la seguridad. Es fundamental evitar el uso de fondos públicos para el enaltecimiento personal a través de festividades populares y desfiles.
Los gastos personales en determinados eventos públicos deben seguir siendo personales, incluso cuando la persona ocupe un cargo público. Es lamentable, pero resulta necesario implementar una nueva ley que obligue a los funcionarios a cubrir sus propios gastos en eventos y desfiles festivos. De esta manera, se evitará el uso indebido de fondos públicos.
El autor es abogado y doctor en Estudios Avanzados en Derechos Humanos.
