En un panorama marcado por propuestas, muchas, incoherentes; por campañas alimentadas de clientelismo; por escándalos de corrupción y por una crisis social, económica y política, está en manos de nosotros, los electores, redirigir nuestro destino. El momento de definir el presente y el futuro es ahora.
A tan solo cinco días para que más de tres millones de ciudadanos ejerzamos nuestro derecho al sufragio, se nos presenta una elección inédita en nuestra reciente historia democrática.
El voto que emitas será decisivo en nuestro destino. Es crucial analizar si hay coherencia entre la realidad que vive el país y las propuestas, a menudo populistas y clientelistas, que hacen los candidatos. Nuestras verdaderas aspiraciones deben ser realistas y apegadas al panorama que vivimos.
Debemos enfrentarnos a preguntas esenciales: ¿Es posible recuperar las finanzas de la Caja de Seguro Social (CSS) y, a su vez, aumentar las pensiones? ¿Qué estrategias se adoptarán para atraer inversión y restaurar la confianza perdida? ¿Qué acciones implementarán para asegurar la austeridad gubernamental en el Ejecutivo u en el Legislativo? ¿Priorizarán la inversión en infraestructura? ¿Será la educación una verdadera prioridad o seguirá siendo retórica populista? ¿Es una nueva constitución una panacea que garantizará el cumplimiento de las leyes actualmente incumplidas?
La situación es compleja. Los candidatos no han abordado lo fundamental: ¿Cómo superarán estos desafíos? ¿De dónde obtendrán los recursos necesarios para una verdadera transformación? No se ha enfatizado un pacto social inclusivo. Nos han dicho que será fácil; sabemos que no es así. Es mejor ser honestos. Requerirá sacrificios de todos. Un estadista como Winston Churchill cuando asumió el poder en un mundo en crisis, dijo la verdad: “No tengo nada que ofrecer, sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor… Nos esperan muchos meses de lucha…”. Decir la verdad es importante.
Las soluciones no serán sencillas. Tenemos por delante un largo camino, en el que todos deberemos aportar nuestro esfuerzo; en el que nadie debe quedar excluido, sin importar el contexto. La igualdad y equiparación de deberes y derechos es el núcleo de la democracia. Es una democracia que en últimamente ha sido golpeada, y que hoy, más que nunca, nos toca reconstruir. Hay una inaceptable deuda social con las comarcas y con las regiones más apartadas. El reto es proporcionar servicios públicos apropiados, un sistema de salud eficiente, escuelas dignas, empleos accesibles y seguridad alimentaria.
Como ciudadanos, debemos ir más allá del simple acto de votar y asumir un rol activo en la auditoría social, acompañando a las autoridades en la implementación de transformaciones fundamentadas en amplios consensos y visiones regionales. Las decisiones que se tomen, para bien o para mal, tendrán repercusiones. Será nuestra generación la que las vivirá. No podemos permitir improvisaciones, ni que se cometan más errores.
Es el momento de abandonar prácticas como el clientelismo, en el que los intereses personales priman sobre el bien común. La actual clase política no nos representa: hay un déficit de compromiso entre discursos, promesas y hechos. El maquillaje que han utilizado por décadas no es suficiente para esta elección. Los ciudadanos podemos ver de forma transparente sus intenciones. Ya no es posible tapar más.
No permitamos que secuestren nuestra patria. En este crucial momento histórico, no podemos dejar que intereses egoístas o corruptos nos roben el futuro que merecemos.
Es tiempo de levantar la voz y demandar un gobierno transparente, honesto y comprometido con el bienestar colectivo. Es hora de que usemos herramientas como Verificate para conocer a los candidatos más a fondo, su hoja de vida y sus propuestas. Seamos ciudadanos responsables. Somos mucho más que un voto.
Votemos con conciencia, siendo racionales, eligiendo candidatos por su capacidad y no porque sean conocidos, vecinos o hijos de alguien que conocemos. Evaluemos sus competencias y trayectoria. Debemos este compromiso a quienes nos precedieron y lucharon por una República democrática y soberana y, en especial, a los valientes jóvenes del 9 de enero de 1964, quienes, arropados por sus convicciones y por la verdad, lucharon por nuestra soberanía. Cambiemos la historia, como ellos lo hicieron esta vez, en las urnas, ejerciendo responsablemente nuestro derecho al voto.
El autor es Miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
