La horticultura terapéutica es una alternativa que integra al individuo en actividades de jardinería y horticultura para lograr objetivos de bienestar físico y emocional. Sus beneficiarios entran en contacto directo con las plantas a través de prácticas ocasionales como el cultivo, cuidado e, incluso, la venta de productos relacionados con la naturaleza.
Quienes brindan este tipo de tratamientos son terapeutas hortícolas, capacitados en la rehabilitación de pacientes que sufren de dolencias y condiciones como demencia, alzheimer, trastornos del espectro autista, déficit de atención e hiperactividad y síndrome de Gilles de la Tourette. La terapia hortícola se fundamenta en un plan de intervención y tratamiento prescrito por profesionales que pueden ser médicos, psicólogos, terapeutas y psiquiatras, con el propósito de alejar al paciente del estrés y mejorar su calidad de vida de forma integral.
Con su exuberante vegetación, en Panamá se podría implementar un diseño de jardines terapéuticos para maximizar y mejorar la interacción con la naturaleza. Existen distintos tipos de jardines y huertos a ser planificados, dependiendo de los requerimientos de cada beneficiario. Algunos de los jardines más utilizados son los curativos, diseñados para traer confort y promover un estado de calma, estimulando el sistema inmunológico y, de esta forma, expandir las oportunidades de sanación del cuerpo.
En el período de la pandemia, en que hubo cuarentena y movilidad reducida, muchas familias tenían tiempo de sobra. Algunas se apasionaron por la horticultura: se dieron cuenta que más que un pasatiempo, es un estilo de vida sostenible y una forma de promover la salud integral. Plantar semillas o árboles o trasplantar; ver las plantas crecer y cosechar sus frutos, es gratificante.
La terapia hortícola contribuye a que desviemos las preocupaciones y nos enfoquemos en la paz y en la tranquilidad del momento. Hay dos tipos de jardines curativos: los restaurativos, dirigidos principalmente a la reducción del estrés y al equilibrio cognitivo, y los jardines de rehabilitación, diseñados para las pacientes con algún tipo de cáncer. En estos espacios, las personas se sienten en armonía con su entorno, al alinear su ritmo circadiano con el campo electromagnético terrestre y así iniciar un proceso de sanación y liberación de estrés.
Existen jardines comestibles, resultado del cultivo de verduras, hortalizas, legumbres y frutales, que se caracterizan por ser aromáticos, apetecibles, visualmente estéticos y coloridos, Panamá es tierra fértil para sembrar árboles frutales de naranja, mango y mandarinas, cultivos de popular consumo de las familias panameñas.
Los jardines terapéuticos pueden ubicarse en escuelas, cárceles, hogares para ancianos o empresas. Algunas han optado por promocionar la horticultura como un recurso interno para los colaboradores. El propósito es fortalecer el trabajo en equipo, la empatía, el liderazgo y promover la salud mental de los participantes.
Si bien es cierto que la terapia hortícola no cura enfermedades, puede facilitar la reducción de emociones negativas, aliviar el manejo del estrés y equilibrar nuestros estados de ánimo. Son jardines con espacios que pueden ser destinados a la fisioterapia, a la horticultura-terapia y a la meditación. El propósito es que, de manera holística, se coadyuve a que la persona alcance un mejor bienestar psicológico; disminuya la ansiedad; logre mayor productividad; mejore la calidad del aire; alcance niveles reducidos de dolor y tenga menor necesidad de recurrir a medicamentos como analgésicos.
Panamá, con su biodiversidad, es un entorno propicio para aprovechar sus espacios abiertos y practicar la horticultura terapéutica, un estilo de vida saludable que promueve el cuidado del medio ambiente y la valoración de una vida sana y en contacto con la naturaleza. Incentivemos la horticultura de plantas y árboles aromáticos como el eucalipto y la valeriana. Hagamos de nuestras ciudades, jardines que promuevan tranquilidad, equilibrio emocional y vinculación con la naturaleza. Un sano equilibrio entre la naturaleza manifestada en jardines terapéuticos y las obras arquitectónicas de la capital, por ejemplo, darían un espacio para hacer de nuestra experiencia de vida diaria una mucho más humana y significativa. Promovamos jardines terapéuticos en nuestros entornos urbanos y salud mental y emocional en sus habitantes. Hagamos nuestras ciudades más humanas.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación