La gran promesa del nuevo gobierno de la República de Panamá trajo a la mesa un proyecto denominado Tren Panamá–Chiriquí, que cambiará la dinámica de todo un territorio. Sin embargo, ¿estamos preparados para este gran cambio? ¿Cómo está relacionado un tren de alta velocidad con el ordenamiento territorial?
En Panamá, el paradigma de movilidad urbana cambió con la construcción del Metro de Panamá en 2014, con la introducción de la primera línea del metro, la cual conecta los diferentes municipios y corregimientos de la capital. Este nuevo modelo de movilidad, con infraestructuras de transporte masivo, ha transformado las características espacio-temporales del territorio.
No obstante, un tren de alta velocidad no solo cambiaría el área metropolitana, sino que afectaría el interior del país y su territorio, o al menos el centro de sus ciudades como lo conocemos hoy día. Teniendo en cuenta su recorrido propuesto, partiría desde ciudad de Panamá hacia Chiriquí, pasando por provincias como Panamá Oeste, Coclé, Veraguas y Herrera, donde existen algunos Planes de Ordenamiento Territorial (POT) vigentes en lugares como el distrito de Santiago en Veraguas y ciudad de Panamá, y en fase de desarrollo en Arraiján, La Chorrera y Aguadulce. Ninguno de estos planes incluye este nuevo hito en la “movilidad territorial” que afecta a todo un país y su región.
Este nuevo megaproyecto pone al descubierto una nueva visión de cómo proyectaremos o “soñaremos” las nuevas centralidades urbanas ligadas a la red del tren, donde en su proximidad deberán realizarse mejoras de infraestructura vial, movilidad urbana, viviendas, espacio público, espacios institucionales, comerciales y políticas urbanas para el desarrollo sostenible del territorio.
En cuanto a su relación con el ordenamiento territorial (OT), la ciudad de Panamá y la elaboración de Planes de Ordenamiento Territorial se rigen bajo la Ley N°6 del 1 de febrero de 2006, que establece una base para el uso de herramientas para la planificación urbana y su desarrollo. Esta ley considera diferentes planes para la regulación del ordenamiento territorial en Panamá: planes nacionales, planes regionales, planes locales y planes parciales. Cada plan cuenta con características similares, pero su alcance es distinto.
Cuando hablamos de planeamiento urbano, debemos analizar diferentes escalas según argumenta la ley: la escala local, que incluye corregimientos y municipios; la escala regional, que se interpreta como una escala provincial; y la escala nacional, que está ligada a todo el territorio nacional.
Este megaproyecto abarca todo el territorio nacional y debe ser de interés para los gobiernos locales y su población. Es necesario tener una nueva visión para el desarrollo o actualización de sus planes de ordenamiento territorial, donde se deberán incluir nuevos sistemas urbanos e instrumentos de articulación territorial, infraestructura para la movilidad, infraestructura para servicios urbanos y, muy importante, la participación ciudadana como uno de sus pilares fundamentales, tal como lo indica la Ley 6 del 2002.
La importancia de la participación ciudadana y los POT ponen en la mesa el futuro de las ciudades y cómo queremos habitarlas. A menudo, estos planes se desarrollan con los consejos municipales y muy poca participación de la ciudadanía. La clave radica en la colaboración e integración de todas las partes y sectores de la sociedad interesados. Un poco de voluntad, interés y buenas prácticas urbanas nos llevarán a proyectar ciudades con una visión de desarrollo para el crecimiento económico, político y cultural de nuestro territorio.
Sería una gran oportunidad para todo el país establecer un hito en políticas urbanas donde se regulen y desarrollen los OT en todo el país. De esta forma, cada municipio podría desarrollar otros instrumentos de planificación para fortalecer y estandarizar las competencias del Estado. Desde esta perspectiva, tendríamos un desarrollo equilibrado, sostenible y beneficioso en toda la región.
El autor es urbanista.

