La incertidumbre sobre la ley de intereses preferenciales: Un golpe al desarrollo económico y social en Panamá
La reciente paralización de 75 proyectos de vivienda en Panamá, como lo reporta La Prensa, evidencia una crisis que amenaza no solo a la economía, sino también al tejido social del país. La falta de claridad y acción en torno a la ley de intereses preferenciales ha dejado a miles de trabajadores sin empleo y a innumerables familias sin acceso a una vivienda digna. Este estancamiento no es un simple problema técnico, sino una amenaza que podría alimentar desigualdades, tensiones sociales y, en el peor de los casos, abrir la puerta a ideologías extremas como el comunismo.
Un motor económico detenido
El sector de la construcción es uno de los pilares de la economía panameña. Según datos recientes, representa cerca del 15% del Producto Interno Bruto (PIB) del país y genera decenas de miles de empleos directos e indirectos. La incertidumbre en torno a la ley de intereses preferenciales ha provocado que inversionistas y desarrolladores pongan en pausa sus proyectos, dejando a miles de trabajadores sin ingresos y afectando a las pequeñas y medianas empresas que dependen de esta actividad.
El impacto no se detiene ahí. Cada vivienda construida implica un flujo económico que beneficia a una cadena de valor: ferreterías, transporte, materiales, comercios locales y servicios profesionales. La parálisis de estos proyectos representa una desaceleración general de la economía, con efectos multiplicadores negativos que se sentirán en todos los rincones del país.
La vivienda: un derecho que se desvanece
Más allá del impacto económico, este estancamiento es una tragedia social. Miles de familias panameñas que habían puesto sus esperanzas en acceder a una vivienda asequible se ven ahora desprotegidas. La ley de intereses preferenciales ha sido una herramienta clave para democratizar el acceso a la vivienda, permitiendo a las familias de bajos y medianos ingresos cumplir el sueño de un hogar propio. Sin este incentivo, el costo de los créditos hipotecarios se vuelve prohibitivo, empujando a estas familias hacia el alquiler o, peor aún, a la informalidad habitacional.
La vivienda digna no solo es un derecho humano fundamental, sino también un factor determinante para el bienestar y la estabilidad social. Sin acceso a ella, se genera una mayor exclusión, desigualdad y desesperanza, terreno fértil para que discursos populistas o radicales encuentren eco en una población que se siente abandonada por el sistema.
Semilla para el comunismo
La crisis actual, si no se atiende con urgencia, puede ser la antesala de un problema aún mayor. En un país donde la desigualdad ya es un desafío significativo, la falta de oportunidades puede alimentar el resentimiento social y abrir espacio para ideologías extremas. La historia de América Latina está llena de ejemplos en los que la incapacidad de los gobiernos para atender necesidades básicas, como la vivienda y el empleo, ha derivado en el fortalecimiento de movimientos comunistas o populistas.
El comunismo se alimenta de la desesperación y el descontento. Cuando las personas sienten que el sistema les ha fallado, están más dispuestas a escuchar soluciones radicales que prometen justicia social, aunque a menudo esas promesas terminen socavando aún más las libertades y el desarrollo económico.
¿Qué se debe hacer?
La solución pasa por tomar decisiones rápidas y responsables. El Gobierno y los actores privados deben priorizar un diálogo abierto para garantizar que la ley de intereses preferenciales sea sostenible a largo plazo, sin dejar de lado el impacto social que tiene su paralización. Asimismo, se debe considerar la implementación de medidas temporales que permitan reactivar los proyectos detenidos y asegurar que las familias no pierdan la oportunidad de acceder a una vivienda.
Panamá no puede darse el lujo de paralizar uno de los motores más importantes de su economía. La inacción no solo pone en riesgo el desarrollo del país, sino también su estabilidad social. Es momento de actuar con responsabilidad y visión de futuro para garantizar que la incertidumbre no se convierta en el pretexto que permita el avance de ideologías destructivas.
La vivienda no es un lujo, es una necesidad. Garantizarla es una inversión en el presente y futuro de Panamá. #TodosSomosUno
El autor es empresario.

