En el último año, hemos podido corroborar la trágica realidad del sistema de Beneficio Definido de pensiones de la Caja del Seguro Social.
El sistema, por décadas, ha repartido mucho más de lo que se recibe y rinde. Casi todos los jubilados nos hemos beneficiado de ese subsidio. El recurrente déficit ha llevado a la ruina al sistema. Se necesita sincerar los beneficios con más y mayores cuotas. Se requiere además una profunda reestructuración de los pasivos pensionales para no cargarnos al país.
A pesar de las graves consecuencias para su militancia, la dirigencia sindical no acusa recibo del problema. En una actitud de negación y, arguyendo una falsa solidaridad, los sindicalistas insisten en soluciones inviables o muy costosas para el país. Su actitud, sorda y agresiva, la torna en parte del problema y no de la solución. Examinemos sus propuestas.
La piedra angular del argumento sindical es la supuesta solidaridad, inherente al sistema de pensiones de beneficio definido. Para ellos, el exceso de pensiones que recibe un jubilado, es la expresión del desprendimiento de los que vienen atrás. Eso fuera cierto, si el sistema compensara algunas pensiones, en especial los que no llegaran al mínimo de cuotas o los que no llegasen a una pensión mínima. Y si esos fondos salieran en forma proporcional de los otros cotizantes, okey. Así, una mano ayuda a la otra.
Pero la cruda verdad es que casi todo el que se jubila, recibe de 20% a 40% más de lo que aportan. Y el dinero extra que reciben, no viene de la benevolencia de los más jóvenes, sino de la transferencia forzada de los aportes de esas nuevas generaciones, y proporcionalmente más de los asalariados modestos. Esto, aquí y en China es una pirámide financiera; y como un apartamento lleno de gas, a punto de explotar.
Si el sistema fuera realmente solidario, y resolviera los casos críticos, el programa fuera estable y las reservas reflejarían el valor real de los compromisos futuros. Pero no, el acelerado y creciente défict, delata la vergonzosa estructura del subsidio. ¿Podría la dirigencia sindical, en una conversación respetuosa y ordenada, indicarnos adonde están los elementos que hace esta pirámide, un altruista esquema solidario?
Por otra parte, ese amor de la cúpula laboral por la “solidaridad” resulta sospechosa cuando analizamos en conjunto sus propuestas para “salvar” la Caja.
En estos días, los seis sindicalistas que se sientan en la Junta Directiva de la Caja, han cerrado filas intentando pasar una resolución con recomendaciones al Ejecutivo para transferir del presupuesto general del Estado, una cantidad de ingresos nacionales al programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). Examinemos el espíritu solidario de esta lista de deseos.
Los deseos de los sindicalistas en la resolución comprenden transferir ingresos estatales de rubros tan diversos como la minería metálica, el Canal de Panamá, concesiones de telecomunicaciones y otros de menor monta. Lo primero que se me ocurre preguntar es, ¿por qué y a razón de qué debemos transferir recursos de todos los ciudadanos a un universo selecto de cotizantes y jubilados para que estos evadan sus propias responsabilidades de cuotas y número de cuotas? ¿Por qué debemos resolverle la futura pensión a un trabajador que bien pudiera pagar por ella, despojando a los 200 mil compatriotas que se acuestan con hambre, de educación y salud digna? ¿Dónde, por Dios, está la cacareada solidaridad?
Finalmente, otro punto del borrador de resolución exige la ya manida fusión de los sistemas de pensiones para favorecer al “solidario” sistema en ruinas. Nuevamente, aquí está el “quítate tu…”.
Absorber un sistema sano, perfectible por supuesto, para crear una sola masa es inviable. Todos los análisis técnicos serios, advierten que el resultado de la fusión solo alcanzará para los más viejos, antes que explote en pocos años.
Mientras tanto, la cúpula sindical, compuesta de viejos como yo, para salvar su jubilación, sigue tirando a la calle, con banderas y consignas, a la poca juventud sindical que queda, a defender una fusión donde no habría ni un peso para ellos. Insolidaridad, rima aquí con inmoralidad.
El autor es empresario.
