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La insurrección en la era de los autócratas

El pasado 8 de enero de 2023, un grupo de militantes y simpatizantes del expresidente brasileño Jair Bolsonaro se tomó las instalaciones de los tres poderes del Estado de Brasil, en su capital Brasilia. Paradójicamente, estas acciones nos traen a la memoria los hechos acaecidos el 6 de enero de 2021, dos años y dos días antes, en Estados Unidos de América, acontecimientos que muchos han pasado a denominar la insurrección del 6 de enero. Afortunadamente, en ambos casos las instituciones democráticas y el estado de derecho prevalecieron ante la embestida de las fuerzas antidemocráticas y golpistas. Sin embargo, hechos de esta naturaleza, ya reiterados, junto con otros menos mediatizados, nos señalan los grandes desafíos que enfrenta la democracia ante la creciente autoritaria a nivel mundial.

A diferencia de los dictadores del siglo XX, los autócratas del siglo XXI, en su gran mayoría, no han llegado al poder a través de las armas o de golpes de Estado. Putin, Erdogan, Modi, Orbán, Kazcynski, Trump, Duterte, Marcos, AMLO, Ahmed, entre otros, comparten la peculiaridad de haber accedido al poder por vías democráticas y, a su vez, trabajado para erosionar, en el ejercicio de este, las instituciones democráticas, el estado de derecho y la separación de los poderes.

Como lo mencionó Ben Rodhes, exconsejero adjunto de Seguridad Nacional de la administración Obama, mediante la elección de Donald Trump y con sus tendencias autoritarias en el ejercicio del poder, Estados Unidos envió un mensaje preocupante a todo el mundo, pues si antes muchos descartábamos como muy remota la posibilidad de que el pueblo estadounidense eligiese a un presidente autoritario, la pregunta es, ahora, qué impide que esto vuelva a suceder. Si a lo anterior sumamos el cortejo de Trump con autoritarios como Putin y Orbán, y otros más tradicionales como Xi y Kim, aunado al hecho de que a más de dos años de la insurrección del 6 de enero todavía no se vislumbren consecuencias significativas para sus principales promotores, podemos llegar a la conclusión de que incluso en la cuna de la democracia moderna, la misma se encuentra en peligro.

Este peligro no solo se limita al ámbito estadounidense, pues tal como lo afirmó el propio presidente Biden al plantear los postulados de su política exterior, Estados Unidos lideraría nuevamente a nivel internacional mediante “el poder de su ejemplo”. Para Richard Haass, presidente de la prestigiosa organización, think tank y casa editorial Council on Foreign Relations, dicha intención de liderazgo se asumió e interpretó, casi siempre, en términos positivos, tanto en el ámbito político como en el económico. Los eventos en Brasil, según Haass, nos demuestran que dicha suposición optimista no es la adecuada, pues lo que sucede en Estados Unidos causa, en ocasiones, un efecto dominó en otras latitudes, tanto para lo bueno como para lo malo.

La caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética llevaron a algunos expertos a vislumbrar el “fin de la historia” y desencadenaron la instauración de regímenes democráticos y liberales en distintas partes del mundo. De igual manera, la desinformación, la posverdad y la polarización en Estados Unidos, coronadas en el negacionismo del proceso electoral del 2020, llevaron a Bolsonaro, o en todo caso a sus adeptos, a intentar emular, dos años y dos días después, la insurrección y la alta traición.

La transición pacífica o la transferencia del poder es un elemento fundamental en todo sistema democrático. La incipiente polarización del escenario político, así como las vulnerabilidades inherentes a los procesos democráticosm continuarán siendo atacadas por actores locales y foráneos en distintas jurisdicciones, con el propósito de ofrecer una alternativa más simple que responda a intereses puramente transaccionales, haciéndose valer, en muchos casos, de métodos autoritarios y antidemocráticos. Los casos de Estados Unidos y Brasil nos reiteran la necesidad de continuar la importante y difícil tarea de fortalecer nuestras instituciones democráticas y de control, y de proteger nuestra joven democracia y el sistema de gobierno republicano que le acompaña.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional


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