Quisiera empezar compartiéndoles algunos datos de importancia, si estamos convencidos de que la inversión extranjera directa (IED) es un catalizador para generar empleos formales y un ingrediente para posicionar a un país como competitivo para atraer más inversión.
Revisemos algunos datos recientes que retratan en cifras cómo la IED en América Latina y el Caribe, y el valor de los proyectos anunciados en 2024, alcanzó un total de 188,962 millones de dólares, un 7.1% más que en 2023. Este crecimiento se explica por un aumento sustancial de los proyectos en hidrocarburos, transición energética, logística de carga, tecnologías para sistemas de información y uso de recursos minerales esenciales como materia prima para necesidades globales.
Según el informe más reciente de la Cepal 2025 sobre la IED en América Latina y el Caribe, los países que recibieron mayores montos de inversión fueron Brasil (37.6%), México (24.0%), Colombia (7.6%), Chile (6.6%), Argentina (6.2%), Guyana (5.5%), Perú (3.6%), Costa Rica (2.8%), República Dominicana (2.4%) y Panamá (1.7%).
En Centroamérica, por ejemplo, ya no fue Panamá, sino Costa Rica la que se posicionó como el principal receptor de la subregión por segundo año consecutivo; y en el Caribe, Guyana y República Dominicana.
Y esto es grave si nos comparamos como país con los resultados del informe de Cepal 2018, cuando mostró que las mayores inversiones recayeron en Brasil, México, Argentina, Colombia y Panamá, en ese orden. Al igual que en 2011, 2012 y 2014, Panamá ocupó durante tres años consecutivos la quinta posición como país con mayor atracción de IED en América Latina, y el primero en Centroamérica y el Caribe.
Para esos años (2011-2018), nuestra tasa de desempleo estuvo estacionada en promedio en 5.8%. Al comparar la IED de 2018, que fue de 6,578 millones de dólares, con la de 2020 (-2,477 millones), 2021 (1,353 millones), 2022 (2,467 millones) y 2023 (2,387 millones), podemos concluir que estas variaciones incidieron significativamente en el aumento del desempleo a dos dígitos (10.4%) e inflaron la informalidad a 47% en septiembre de 2025.
Y es que la Cepal estima que por cada mil millones de dólares de IED invertidos se generan 3 mil empleos; sin olvidar que esta inversión es atraída principalmente por estabilidad política y económica, seguridad jurídica, apertura comercial, disponibilidad de recursos, mano de obra calificada e infraestructura.
Otro dato relevante de la Cepal es que Estados Unidos ha consolidado su posición como el mayor inversionista de la región, al registrar 38% del valor invertido desde 2020.
Expresado lo anterior, cabe preguntarse cómo podemos mejorar los indicadores de desempleo, informalidad, pobreza multidimensional e inflación si seguimos ahuyentando inversión con discursos fundamentalistas carentes de sustentación científica probada y verificada.
Proyectos de inversión pública como la sostenibilidad hídrica del Canal a través de Río Indio, los dos puertos interoceánicos promovidos por la Autoridad del Canal de Panamá o Puerto Barú, de naturaleza privada, no pueden seguir esperando, porque el retraso afecta la confianza internacional y la competitividad.
Dicho esto, pongo de ejemplo la provincia de Chiriquí, que representa aproximadamente 6% del producto interno bruto del país, equivalente a un aporte de 4,500 millones de dólares anuales. El desarrollo agrícola, pecuario, turístico y comercial de esta región la hace un polo atractivo para inversiones y nuevos negocios, y Puerto Barú representa una inversión privada estadounidense de aproximadamente 250 millones de dólares; su primera fase proyecta generar mil empleos formales.
Estas inversiones impactan positivamente cualquier región del país, porque su materialización cristaliza oportunidades de empleo formal. No olvidemos que el estallido social de 2023, el cierre de la mina en 2024 y el de Chiquita en 2025 afectaron indicadores de exportación y proyectaron señales de riesgo para la inversión.
En cambio, Costa Rica, en ese mismo lapso (2023-2025), experimentó un aumento sustancial de IED, beneficiándose de una mayor integración en cadenas globales de suministro de alto valor y del interés de inversionistas de socios de la OCDE.
Estoy convencido de que el debate político en el que están centrados los órganos del Estado no es el correcto, porque nos arrebata espacio en ese posicionamiento global que Costa Rica, Guyana y República Dominicana están aprovechando.
Como país debemos enfocar energías en acciones claras que propicien crecimiento para volver a ser el país del pleno empleo.
No podemos seguir escuchando reportes de saldos negativos y caídas significativas en flujos de inversión que generan desconfianza en socios comerciales estratégicos como Estados Unidos y países de la OCDE.
Hay que dar pasos claros para generar confianza y, como país, entender que el futuro está en el debate constructivo y no en la confrontación, pues es más beneficioso para todos el entendimiento.
No más excusas, ni más disputas geopolíticas estériles.
El autor es exministro de Trabajo y Desarrollo Laboral.


