‘Cuando falta el trabajo, falta la dignidad’
Con esta frase, pronunciada por el entonces papa de la Iglesia católica, Francisco (Jorge Mario Bergoglio, de Argentina), durante su visita a la isla italiana de Cerdeña, específicamente en la ciudad de Cagliari, el 22 de septiembre de 2013, mostró su solidaridad con los trabajadores mineros del lugar, afectados por el desempleo que también azotaba al sector minero. Con este gesto simbólico dejó claro que, para el pontífice, la actividad minera es una actividad normal, inherente al desarrollo de la humanidad en todas sus etapas y épocas y, contrario a lo afirmado por algunos, no es contraria a la moral cristiana.
El papa Francisco incluso se colocó un casco de minero de color amarillo (las fotos de ese momento están disponibles en redes sociales; basta con escribir “foto del papa Francisco con casco de minero” en el buscador).
En aquella visita, cuyo eje era el drama del desempleo en Cerdeña, el primer y único papa nacido en Latinoamérica se reunió con obreros, empresarios y personas sin trabajo en un encuentro que quedó en la memoria de la región.
En esta historia interesante de la economía de Cerdeña, una región italiana cuya actividad minera atravesaba una grave crisis económica, sobre todo en la zona de Sulcis —históricamente minera por más de un siglo—, donde se explotaban, además de carbón, minas que producían plomo y zinc, el papa Francisco mostró su solidaridad y apoyo a miles de familias dependientes de la industria minera, actividad que había sido un importante motor económico desde el siglo XIX y durante el período industrial italiano.
Sulcis llegó a tener una de las tasas de desempleo más altas de Italia. Cualquier semejanza con Panamá no es casual, dado que el pequeño país canalero, en un par de años y luego de la llamada “revolución de los inútiles”, no solo vio afectado su producto interno bruto, entre otras grandes afectaciones que ya todos conocen, sino que la tasa de desempleo se elevó a dos dígitos, algo que poco parece importar a quienes nunca han aportado con trabajo y sudor al movimiento productivo de la nación.
Durante los años 2012 y 2013, contrario a lo ocurrido en Panamá, en Cerdeña las fuertes protestas fueron protagonizadas por los trabajadores mineros, con gran repercusión nacional en Italia. Por eso el papa Francisco se reunió con obreros y desempleados, escuchó a los mineros de Sulcis y utilizó el casco de minero como símbolo de solidaridad.
En ese momento, el papa argentino pronunció la frase más citada de aquel viaje: “Donde no hay trabajo, no hay dignidad”.
Por otro lado, el sucesor de Francisco, el papa León XIV, se ha pronunciado a favor de una minería ética y sostenible, buscando articular la doctrina social de la Iglesia con la industria extractiva, en aras de lograr sostenibilidad y justicia social.
León XIV, lejos de asumir una posición de activismo saboteador, se muestra a favor de la aplicación de lo ya explicado en Panamá en múltiples ocasiones: una minería responsable y limpia, en concordancia con las necesidades de trabajo y bienestar de las comunidades directamente impactadas por los proyectos.
Con el avance de las auditorías ambientales, bajo la rigurosa supervisión y revisión del Ministerio de Ambiente de Panamá, se demuestra una vez más que tanto Francisco como León XIV han tenido razón: se puede y se debe desarrollar una minería responsable, porque, en efecto, cuando falta el trabajo, falta la dignidad.
El autor es ingeniero de minas.

