Como ciudadano de a pie de este país doy a conocer mi opinión sobre propuesta de ley sobre el rescate de la Caja de Seguro Social (CSS).
Se nota el esfuerzo del Ejecutivo por promover y defender el proyecto de ley en el ámbito nacional. Es cierto que tienen la oportunidad de mejorar.
Independientemente de lo anterior, debemos aceptar que posiblemente la mayoría de las panameñas y los panameños no estudiarán parcial o totalmente la propuesta.
Esto no desmerita el esfuerzo tanto del gobierno como de los medios de comunicación por promover, difundir, debatir y aportar al contenido de esta ley. Sin duda, hemos aprendido mucho sobre el problema y las oportunidades disponibles.
Sea como sea, las decisiones del Legislativo serán más políticas que técnicas. Deseo sinceramente que, por primera vez, nos sorprendan positivamente. Se debaten entre evitar, a corto plazo, el rechazo popular; asegurar, a mediano plazo, sus reelecciones; y garantizar, a largo plazo, que esta ley sea lo mejor posible dadas las circunstancias, sostenible en el tiempo y beneficiosa para las futuras generaciones, que es lo que realmente importa.
No hay tiempo. No se ha enfatizado suficientemente que esta variable es fundamental en el proceso de discusión de la ley, ya que debe estar en Gaceta Oficial antes del 31 de diciembre. Esta ley no admite muchas modificaciones. Es crucial que las mejoras, sean sustanciales o no, sean realmente significativas.
Estamos en un partido de baloncesto en el que perdemos por dos puntos, quedan fracciones de segundo para terminar el último cuarto, y dependemos de una canasta de tres puntos para salvar la CSS y todo lo que representa.
Esta ley es lo más importante ahora, porque el desastre de la CSS es inminente.
Hay temas aún más urgentes que el Ejecutivo ya debería estar abordando, como nuestro modelo económico. Es vital dinamizar la economía (dinamizarla, no dinamitarla), aumentar la inversión local y extranjera, y promover con urgencia oportunidades de emprendimiento o empleo formal con mejores ingresos y sostenibles en el tiempo. Esto incluye la minería, el proyecto río Indio, el tren Panamá-David, entre otros temas. Todo esto es para ayer.
Estas acciones darán confianza al pueblo. El hambre que muchos enfrentan hoy no permite esperar. Necesitamos ser creativos, romper esquemas y cambiar paradigmas, como si estuviéramos saliendo de una guerra. Muchos panameños viven actualmente en condiciones similares a las de los migrantes que atraviesan el país, sin saber qué comerán o dónde vivirán mañana, la próxima semana o el próximo mes.
No olvido la educación, que es fundamental y también requiere decisiones y acciones urgentes. Sin embargo, seamos realistas: los resultados significativos tomarán varios años.
Cuando la situación del país mejore, habrá más confianza para enfrentar los retos venideros. Entre ellos, las actualizaciones y mejoras que esta ley seguramente necesitará con el tiempo. Estas podrán realizarse sin el estrés colectivo actual y con más recursos disponibles. No debemos subestimar la inteligencia y sabiduría colectiva de un pueblo que observa, aunque no siempre lo exprese abiertamente. Por ejemplo, hoy en día muy pocos aceptarían explícita y públicamente un aumento en la edad de jubilación, la inflación derivada del incremento de tres puntos porcentuales en la cuota patronal o la incertidumbre respecto a cómo el gobierno cumplirá sus aportes. Sin embargo, esto no significa que la mayoría constructiva del país no apoye una ley posible y razonable que marque el inicio de una solución. Confío en que al final prevalecerán el sentido común y la humanidad de la mayoría, frente a quienes no aportan valor con actitudes incendiarias.
El autor es técnico en tecnología industrial.