Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de logística, se pensaba principalmente en infraestructura física: puertos, carreteras, trenes, aeropuertos y centros de distribución. Todo eso sigue siendo fundamental. Sin esa base, ningún sistema logístico puede operar. Sin embargo, en los hubs logísticos más avanzados del mundo hay hoy otro elemento que resulta igual de relevante, aunque menos visible: la información.
La logística moderna no se mueve únicamente con contenedores. También se mueve con datos.
Cada operación dentro de una cadena de suministro genera información de forma constante. Desde que un buque anuncia su arribo, pasando por los tiempos de atraque y descarga, hasta la asignación de un contenedor a un camión, la definición de una ruta con menor congestión o la coordinación de una conexión aérea o ferroviaria. Incluso decisiones que parecen rutinarias dependen de datos que describen lo que ocurre en tiempo real dentro del sistema.
El verdadero valor de esa información no está solo en que exista, sino en que pueda compartirse de manera oportuna, confiable y comprensible entre todos los actores del sistema logístico. Cuando eso ocurre, los procesos se vuelven más rápidos, más eficientes y, sobre todo, más previsibles.
Cuando la información está fragmentada, incompleta o llega tarde, aparecen fricciones que afectan a toda la cadena. Retrasos aparentemente menores pueden generar impactos significativos. Un contenedor que sale tarde del puerto puede perder una conexión terrestre. Un retraso puntual puede alterar la planificación de un centro de distribución. La falta de visibilidad sobre una carga obliga muchas veces a mantener inventarios mayores de lo necesario, con el consiguiente aumento de costos.
Por esta razón, muchos de los hubs logísticos más competitivos del mundo han invertido en plataformas digitales que integran información entre puertos, terminales, operadores logísticos, autoridades y empresas de transporte. Estas plataformas, conocidas en muchos casos como port community systems, permiten que los distintos actores coordinen operaciones sobre la base de información compartida.
En entornos logísticos complejos, incluso mejoras marginales pueden generar efectos relevantes. Una mejor coordinación en el agendamiento de operaciones reduce tiempos de espera. Una mayor visibilidad sobre la carga facilita la planificación de recursos. La estandarización de procesos digitales disminuye errores y reprocesos.
Es en este punto donde la inteligencia artificial comienza a jugar un rol cada vez más importante. La logística genera enormes volúmenes de datos que, sin las herramientas adecuadas, son difíciles de procesar y aprovechar. La inteligencia artificial permite analizar esa información, identificar patrones, anticipar eventos y apoyar de mejor manera la toma de decisiones operativas y estratégicas.
Hoy ya se utilizan soluciones que, a partir de datos históricos y en tiempo real, permiten anticipar congestiones, optimizar rutas, mejorar la asignación de equipos y priorizar operaciones dentro de los puertos. En lugar de reaccionar cuando surgen los problemas, estas herramientas permiten adelantarse y reducir su impacto.
Más importante aún, la inteligencia artificial ayuda a transformar datos dispersos en información accionable. Permite integrar fuentes diversas, detectar inconsistencias y ofrecer una visión más clara del estado de las operaciones. En un sistema logístico, esa capacidad de ordenar y darle sentido a la información es tan valiosa como cualquier activo físico.
Panamá, como hub logístico, ya cuenta con una base sólida de infraestructura física construida durante décadas. El siguiente paso natural es seguir fortaleciendo la infraestructura digital que conecta a los distintos actores del sistema. No se trata necesariamente de grandes proyectos visibles. Muchas veces, la digitalización consiste en mejorar la interoperabilidad entre sistemas existentes y facilitar el intercambio de información.
Un sistema logístico que comparte información de manera eficiente y la utiliza de forma inteligente reduce incertidumbre, mejora la planificación y aumenta la confiabilidad de las operaciones. Para las cadenas globales de suministro, esa confiabilidad es clave.
En ese sentido, la logística del futuro no dependerá únicamente de grúas, carreteras o puertos. También dependerá de la capacidad de integrar información, gestionar datos de forma inteligente y usar tecnología para tomar mejores decisiones.
En la próxima columna abordaré otro aspecto clave de esta evolución: cómo los hubs logísticos generan valor agregado más allá del simple tránsito de mercancías.
El autor es socio líder de Deloitte Panamá.

