Antes de iniciar el tema, aclaro que no soy ambientalista ni ecologista, pero sí tengo interés en resaltar la importancia irremplazable de la madre tierra y de un ambiente no contaminado, condición ideal para mantener a nuestro planeta libre de intoxicaciones. Aunque el mundo esté compuesto en un 70% por agua, la mayoría de nuestros alimentos provienen de la tierra, sin restar importancia al recurso hídrico. No me refiero a un tema repetido que suena bien, sino a uno cuyas consecuencias pueden ser comparables a los daños de una guerra nuclear.
La contaminación de la tierra no puede evitarse completamente debido a diversas actividades humanas, pero sí puede reducirse si existe conciencia de que estamos afectando el futuro de la humanidad al no aplicar medidas de prevención.
La educación básica aborda estos temas por su relevancia y existen leyes que los promueven. Tanto el mundo animal como nuestra propia especie dependemos profundamente de la ecología, y es positivo que los expertos lo recuerden de manera constante.
Nuestro planeta se ha visto gravemente afectado por industrias que se lucran de forma millonaria contaminando el ambiente, sin reparar los daños, muchos de ellos irreversibles: explotación minera, tala indiscriminada, contaminación de ríos con químicos y desechos, incluidos derrames de petróleo, entre otros. El principal argumento de estas industrias es la generación de empleo y el supuesto beneficio económico, pero este debe compararse con los daños causados para evaluar si realmente existe un beneficio neto para la sociedad.
Antes de explicar la estafa multimillonaria que causó la mina, es necesario señalar algunos daños de la minería a cielo abierto:
La contaminación del aire provoca alrededor de 7 millones de muertes a nivel mundial.
La minería abierta afecta agua, aire, paisaje, suelo, flora, fauna y la salud humana.
Donoso ocupa casi 25,000 hectáreas, más otra concesión adicional de 645 hectáreas.
En la zona existen cuatro ríos: Coclé del Norte, Caimito, Miguel de la Borda y río Indio.
En Panamá, la provincia de Darién, con una extensión de 11,895 km², ha sufrido una tala indiscriminada de árboles. Entre 2019 y 2021 perdió aproximadamente 20,800 hectáreas, equivalente a 8.1 hectáreas por día. En Veraguas y Chiriquí, existen ocho ríos o más destinados a proyectos hidroeléctricos que no benefician a la población, mientras algunos políticos se lucraron aprovechando su posición de poder.
De forma inexplicable, el país permitió la explotación minera sin valorar adecuadamente los recursos, recibiendo migajas y sin importar las consecuencias territoriales. Firmas de abogados —incluido un excandidato presidencial— guardaron silencio, al igual que una Asamblea de Diputados que creyó tener el control del negocio, hasta que miles de panameños estremecieron el país durante casi dos meses de protestas para frenar el negociado del siglo, marcado por la corrupción.
Si existen intentos de repetir este esquema, no puede usarse la excusa del empleo, cuando incluso videos oficiales señalaban menos de 2,000 plazas, según fuentes de la CSS.
Conclusión: daño severo al ambiente y un negocio que no benefició al país, sacrificando un territorio que pudo desarrollarse de otras formas, sin riesgos de contaminación. ¿Por qué no recurrir a un plebiscito y ejercer la democracia, en lugar de imponer decisiones? Por un lado se pretende obligar el uso de etanol, que afecta motores, y por otro se impone una mina. Que decida la mayoría.
El autor es especialista en salud pública.
