Soberanía sanitaria se define como el poder supremo e ilimitado del pueblo, para adoptar las decisiones políticas en salud para su desarrollo económico y social, ya que Panamá cuenta con el monopolio legítimo del uso de la fuerza para garantizar la salud de su pueblo. En nuestra soberanía sanitaria ninguna empresa privada o Estado, puede imponer en Panamá cómo debemos actuar con nuestra salud preventiva o reactiva y cómo debemos organizarnos cada vez que no hay insumos médicos quirúrgicos, medicamentos o especialistas.
La medicina cambió su enfoque a inicios del siglo XXI, y pasó de medidas reactivas a medidas preventivas. La prevención no es noticia cuando tiene éxito. El programa de docencia del médico interno se divide en dos grandes áreas: una enfocada hacia la atención primaria y las Normas integrales de Salud para la Población y el Ambiente del Ministerio de Salud y la otra dirigida hacia la atención hospitalaria y/o de consulta externa de pacientes. Silogismo básico: Se abren más plazas de internado para fortalecer el sistema de atención primaria de salud panameño, entonces el pueblo panameño evita caer en muchos medicamentos y tratamientos costosos.
La medicina preventiva es más barata y eficaz: el país crece si se reparten mosquiteros en las áreas endémicas de dengue, se provee agua potable, servicios higiénicos y de recolección adecuada de basura en las comunidades para mejorar la salud panameña en vez de estar prometiendo más hospitales, máquinas de diálisis y más infraestructura. ¿Será que los gobernantes lucran de la enfermedad y miseria del pueblo? ¿Por qué nuestra medicina preventiva barata es mala?
Luego de las secuelas económicas y sociales del covid-19, los países con el producto interno bruto per cápita más alto del mundo se prepararon para las consecuencias de la misma reforzando la formación de médicos en atención primaria de salud, en especialidades médicas que atienden las secuelas del covid-19 y aumentando la formación de especialistas en cáncer por los tamizajes del cáncer que se dejaron de hacer. En Panamá a pesar de tener el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita más alto de la región se comportó como los países subsaharianos al no adecuar la cantidad suficientes de galenos con el ritmo de crecimiento demográfico del país. La realidad de cantidad de plazas de internado de hace 10 años no es la misma que la necesidad del pueblo panameño post pandemia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que los casos de cáncer crecerán un 77% para el 2050 y la respuesta panameña de los " burócratas galenos de docencia” ha sido disminución de plazas de internado médico en relación al crecimiento demográfico panameño y las negativas de licencias/permisos para subespecializarse en cáncer. Impresiona que las decisiones se toman con alevosía para traer «chamanes especialistas extranjeros», esos que están acostumbrados a trabajar sin medicamentos ni insumos quirúrgicos.
La negativa a generar más plazas de internado tiene un contexto geopolítico: disminuir nuestra soberanía sanitaria para el ingreso al Istmo de 《médicos rurales caribeños》 que adoctrinan al paciente moribundo con culto a las bondades de Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega. Los doctores pastillitas se encargaron de mantener el proyecto bolivariano de Chávez Frías en los barrios de Caracas y los asesores políticos están en búsqueda del adoctrinamiento a los panameños en las muchas infraestructuras licitadas y sin talento humano de salud necesario formado. ¿Qué galenos formarán parte del staff de las nuevas construcciones, sin desatender la ocupación de especialistas médicos de hospitales y policlínicas ya construidas?
Viene la ola adoctrinadora al comunismo, esa que se vende como proyecto humanitario para que las naciones sigan financiando la trata de personas y aportando dinero a regímenes castristas que cursan con sanciones internacionales. Las nuevas formas de esclavitud moderna la seguimos financiando para que les asignen grupos de inteligencia G2 a las campañas electorales criollas. ¿Dónde se están formando los nuevos especialistas en medicina nuclear, médicos familiares y radiooncología?
El autor es cirujano sub especialista
