En las últimas décadas, la participación de las mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y artes (STEAM) ha aumentado de manera sostenida. Sin embargo, este avance no se ha traducido de forma equitativa en permanencia ni en gobernanza dentro del ecosistema científico. A medida que se avanza hacia puestos de mayor jerarquía y toma de decisiones, la representación femenina disminuye. El “efecto tijera” refleja cómo las mujeres van quedando rezagadas o abandonan la carrera científica conforme aumentan las exigencias estructurales, las responsabilidades personales y las expectativas sociales. Este efecto no ocurre por una falta de vocación, capacidad o mérito, sino por la acumulación de barreras visibles e invisibles en etapas críticas del ciclo vital y profesional.
La mentoría emerge para contrarrestar estas fugas de capacidades y recursos humanos, no solo facilitando la transmisión de conocimientos técnicos o académicos, sino también permitiendo humanizar las trayectorias científicas y mostrar que no existe un único camino legítimo para habitar la ciencia. A través de la mentoría, las jóvenes pueden acceder a referentes reales: mujeres que encarnan distintos modelos de vida, articulando lo personal, lo académico y lo profesional.
La mentoría cumple una función múltiple: por un lado, ofrece orientación concreta sobre decisiones académicas, inserción laboral, financiamiento, publicaciones y liderazgo. Por otro, brinda un espacio de acompañamiento socioemocional donde es posible hablar de dudas, miedos, culpas, cuidados, agotamiento y sentido de pertenencia, dimensiones que históricamente han sido excluidas del discurso científico formal. Las mentoras también se benefician: consolidan su identidad profesional, transforman sus propias trayectorias y contribuyen activamente a modificar la cultura científica, desplazándola de modelos individualistas y competitivos hacia prácticas más colaborativas, inclusivas y conscientes de las realidades sociales. La ciencia deja de ser un espacio abstracto y frío para convertirse en un ecosistema vivo, atravesado por historias, vínculos y responsabilidades compartidas.
En este marco, desde Fundación Ciencia en Panamá celebramos el 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, como un espacio de encuentro, escucha y reflexión colectiva. Fomentar la mentoría no solo fortalece las trayectorias individuales; además, y sobre todo, amplía el capital humano, intelectual y ético de la ciencia. Apostar por la mentoría es aportar a una ciencia más equitativa, más humana y más comprometida con las vidas que la hacen posible.
La autora es coordinadora de proyectos en INDICASAT-AIP, miembro de la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (APLAFA) e integrante de Ciencia en Panamá.

