Para muchos ciudadanos, la modelación de patrones es un tema que pasa desapercibido. Para otros, constituye una realidad cotidiana. Los seres humanos buscamos constantemente comportamientos repetitivos para comprender procesos, vivencias y fenómenos que puedan servir como referencia para facilitar distintos aspectos de nuestra vida diaria.
Siempre buscamos patrones. Por ejemplo, las personas que adquieren chances y billetes de la Lotería Nacional de Beneficencia suelen asumir que un número que ha resultado premiado tiene mayores probabilidades de volver a salir favorecido. Sin embargo, la realidad es que todos los números tienen la misma probabilidad de ser seleccionados.
También buscamos patrones en nuestro ADN para responder preguntas sobre nuestro código genético. Existe un interés permanente por comprender la disposición y secuencia de las bases químicas conocidas como adenina (A), timina (T), citosina (C) y guanina (G), fundamentales para los estudios de genética humana.
Asimismo, observamos patrones en la naturaleza. Nos interesa analizar la disposición de estructuras en flores, semillas y otros organismos, como ocurre con la sucesión de Fibonacci, uno de los patrones numéricos más conocidos presentes en el mundo natural.
Los jugadores de ajedrez, por su parte, estudian posibles patrones en las jugadas de sus adversarios para definir aperturas, defensas y estrategias.
En este contexto, también cobran importancia las representaciones matemáticas. Fórmulas como el perímetro del rectángulo, el área del círculo o el teorema de Pitágoras se fundamentan en principios lógicos y tienen aplicaciones cotidianas en la ingeniería. De igual forma, las leyes físicas, como la gravitación universal, la ley de Ohm o la ecuación de Schrödinger, buscan representar fenómenos de la naturaleza en la que vivimos.
Como civilización, estamos interesados en encontrar sentido a aquello que observamos, experimentamos y sentimos.
Los investigadores también desarrollan modelos para representar procesos biológicos como la fotosíntesis y la respiración. Para ello, construyen formulaciones abstractas que permiten comprender mejor estos fenómenos.
Por esta razón, las variables climatológicas son esenciales para elaborar modelos que permitan monitorear y pronosticar el clima y comprender mejor los efectos del cambio climático.
Estos modelos facilitan la toma de decisiones relacionadas con la gestión de recursos como insumos agrícolas, combustible y agua, entre otros elementos que requieren una administración coordinada dentro de la sociedad.
Por ello, investigadores de universidades, centros de investigación y empresas, tanto en Panamá como en el resto del mundo, trabajan en el desarrollo de modelos aplicados y predictivos que puedan ser evaluados mediante simulaciones y posteriormente implementados para resolver problemas reales.
No se trata de crear fórmulas sin propósito ni de perseguir utopías. Se trata de encontrar explicaciones, respuestas y soluciones dentro de un mundo complejo, lleno de fenómenos naturales y antropogénicos que afectan nuestra vida cotidiana y condicionan nuestro desarrollo como país.
El autor profesor especial de la Universidad de Panamá/Centro Regional Universitario de Los Santos.


