En los estacionamientos ubicados en la parte frontal de un comercio en Coronado yacía un colibrí aplastado en el pavimento. Sinceramente, ese escenario me embargó de una gran tristeza, aunque reconozco de antemano que hay situaciones más duras en las vidas diarias de las personas. Su muerte parecía reciente y la causa la desconozco; entre tantas posibles razones, podría tratarse de desorientación que no le permitió percatarse de que un vehículo se acercaba, el impacto de las luces artificiales durante la noche, sed o la ausencia de flores o plantas para protegerse en una zona ampliamente pavimentada, entre tantas otras razones con fundamento o solo imaginarias.
En Panamá existen más de 60 especies de colibríes distribuidas en diversos géneros, tales como Amazilia, Heliomaster, Lampornis, Saucerottia, entre otros. Era muy común verlos hace unos 20 años en mayor cantidad en diversas zonas del país, por ejemplo, en áreas urbanas y rurales próximas a Santiago de Veraguas y David, en Chiriquí. Pero en la actualidad se hace cada vez más raro poder observarlos.
Los colibríes son pequeñas aves con amplia capacidad de vuelo, lo que les permite moverse hacia atrás y hacia adelante con gran agilidad, gracias a su delgada forma y largo pico, que utilizan para alimentarse del néctar de las flores. Sin duda, lo más atractivo de estas aves está en su plumaje, que las hace parecer pequeñas joyas voladoras, con colores que van desde el dorado, rojizo, morado, amarillo, púrpura, azul, esmeralda y plateado. La belleza de las plumas de los colibríes representa los colores del arcoíris; quizás esa fue la razón por la cual diversas culturas, como la maya en México, asociaban a los colibríes con la fertilidad y la vida.
En la actualidad, entre los principales factores que afectan a estas pequeñas joyas voladoras, se encuentran el avance de la urbanización, que trae consigo la presencia de enemigos naturales como los gatos, y el avance de la frontera agrícola, que implica el uso desmedido de pesticidas que suelen ser fatales para los colibríes. El cambio climático, con sequías y períodos de lluvias intensas, es un reto mortal para estas aves, afectando su comportamiento y permitiendo igualmente que sean más fácilmente afectadas por microorganismos que pueden enfermarlas.
El futuro de los colibríes en Panamá, al igual que el de muchas otras especies de aves, es de cierta manera incierto, pero también es verdad que nosotros, como ciudadanos, podemos ayudar.
Aún podemos ayudar a los colibríes creando jardines con plantas con flores que les permitan obtener el néctar y bebederos que requieren para sobrevivir. Si usted recibe visitas de colibríes en su jardín, es porque estas pequeñas aves lo aprecian. Si tan solo en todos los municipios, centros comerciales, urbanizaciones, escuelas, empresas e instituciones se pudiera tener un área destinada a refugio de colibríes y otras aves, aportaríamos muchísimo. Sin duda, lo más importante sería no talar bosques, reforestar y crear más reservas forestales. Ese sería el sueño —y quizá la utopía— para los colibríes, pero para eso aún nos falta mayor conciencia ciudadana.
Nuestra premisa ciudadana para cambiar el destino de los colibríes en Panamá estará en: “Cree un jardín y salve un colibrí”.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá/Centro Regional Universitario de Los Santos.


