Este año fue un buen acierto que la Feria del Libro se les dedicara a los pueblos indígenas de Panamá. Aunque algunos hermanos indígenas criticaron el evento como una mera fachada para un espectáculo folclórico sin trascendencia, el evento tuvo sus méritos y es fácil comprobarlo.
Tal vez solo hubo un escollo y fue que la organización olvidó hacer un homenaje a dos escritores originarios que son clave en el caso de la cultura guna: el poeta Aristeides Turpana y el doctor Aiban Wagua. Ambos han aportado tanto a la literatura nacional que merecían ser visualizados.
Sin embargo, las mesas redondas, las conferencias y los conversatorios organizados por el Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial del Ministerio de Cultura y el recinto por parte de la feria dedicado a los siete pueblos indígenas, demostraron un esfuerzo de gestión cultural que resaltó la cultura de nuestros pueblos originarios.
El programa cultural tenía una oferta cuya propuesta nos acercó a distintos temas de suma importancia. Basta con mencionar los proyectos que se mostraron como salvaguardia del canto de arrullo de la nación gunadule y la tradición oral de las lenguas indígenas; el legado ancestral de las matemáticas guna; el conversatorio sobre el pueblo Bribri; el diálogo sobre el valor cultural de la pintura corporal indígena; las danzas ngäbe, emberá, wounaan y guna que se lucieron; se habló de cine indígena; se presentó el teatro Igaryla; el hermoso tema de los juegos ancestrales; los niños del Círculo Infantil y Juvenil de Narración Oral de Panamá contaron cuentos de orígenes; el espectáculo de narración oral de Nicolás Buenaventura y Patricia Vlieg La dicha de la palabra dicha, y hasta hubo rock identitario con los amigos de La Tribu. Y, desde luego, hubo presentaciones de libros sobre estudios e investigaciones de los pueblos originarios.
De que siempre hay cosas que pueden mejorarse en torno a la logística, cosas que se quedan por fuera, eso es harina de otro costal. Un componente cultural que debe quedar permanente en el programa de la feria relacionado a las tradiciones de nuestros pueblos es el tema de la narración oral.
Los cuentos y las historias de nuestros pueblos fortalecen el diálogo intercultural y favorecen la divulgación de nuestro patrimonio inmaterial. En este sentido, el encuentro que hubo de narradores indígenas, donde escuchamos cantos y arrullos, fue uno de los atractivos hermosos de la feria.
Quiero recomendar a la organización de la feria que se inserte anualmente un encuentro de narración oral, donde se inviten a narradores naturales indígenas y escénicos de trayectoria de otras naciones para que compartan y den a conocer la tradición oral de nuestros países.
Un encuentro anual de narradores del continente como muestra de la rica tradición oral donde los cuentos y leyendas quedarían impresos como uno de los mejores atractivos de la feria.
La narración oral es una conversación dimensionada con el otro. Cuando contamos cuentos, nos estamos encontrando con la otredad; narramos nuestra identidad y la de los demás. Por esa razón, la oralidad es una necesidad de comunicación con otros pueblos, otras voces, otras identidades. Un encuentro de narradores orales conectaría la memoria viva de las distintas comunidades a nivel local y entre otras naciones.
No sería la primera vez que la feria hace este proyecto. En 2015 se realizó el primer encuentro de narradores orales “Para qué te cuento Panamá”. En esa ocasión escuchamos historias de Costa Rica, Guatemala, Colombia y Panamá. Incluso, un grupo de mujeres privadas de libertad del programa “Mi voz para tus ojos”, del centro de rehabilitación femenino Cecilia Orillac de Chiari, participó junto a los narradores invitados y contaron cuentos y leyendas del continente, porque los cuentos son una herramienta de resocialización y reparan heridas.
Bastaría con hacer una curaduría precisa de los narradores que se podrían invitar y construir un programa con un contenido que vaya desde montajes escénicos hasta conferencias y mesas de conversación sobre la literatura y la tradición oral. Se podría hacer acciones didácticas de (pre)feria para preparar al público y, en la feria, los narradores contarían cuentos en otros escenarios fuera del recinto para promover el evento.
Hay docenas de argumentos que podríamos dar para defender esta propuesta. Tal vez los más vitales son un orden de necesidades que hoy nos hacen falta. La necesidad de escucharnos, de reconocernos en el otro, de rescatar el valor social de la palabra que nos hace más solidarios, más empáticos, más cooperativos y más humanos.
La oralidad, los cuentos y las historias de nuestros pueblos son un acto de conversación, de comunicación, de sabiduría, de creatividad, de comunión y de conocimiento fresco y sanador. Va más allá de un acto artístico: es una conversación dimensionada con la humanidad. Por eso y mucho más, elevamos esta propuesta para que, desde la empresa privada, la Cámara Panameña del Libro y nuestras instituciones culturales, se cree este encuentro de narradores que será un camino seguro al libro y la lectura.
El autor es escritor
