En 1997, en plena crisis económica en Asia, Corea del Sur hizo una interesante apuesta. Mientras los gobiernos de otros países de Asia cortaron los sectores económicos secundario y priorizaron los sectores tradicionales, Corea del Sur hizo lo opuesto. A finales de los años 90 Corea del Sur apostó fuertemente a ciertas industrias creativas, y hoy los resultados hablan por sí solos.
Películas como Parásitos, series de Netflix como El Juego del Calamar y músicos como PSY y BTS han recorrido el mundo, entretenido a cientos de millones de personas y han generado miles de millones de dólares para el sector privado y para el Estado de Corea del Sur. ¿Podemos hacer algo similar o mejor en Panamá?
Históricamente la economía panameña se ha enfocado en mover contenedores y prestar servicios logísticos, financieros y legales tradicionales. Si bien esta actividad económica le ha funcionado al país por mucho tiempo y tenemos que continuar mejorando estos sectores que aún tienen mucho potencial, también tenemos que entender que el mundo ha cambiado. Hoy las tecnologías disruptivas, el conocimiento y la creatividad se ubican en el centro del desarrollo económico en el mundo. Si seguimos con la misma receta que empleamos desde antes de 1903 quedamos desfasados y olvidados. Diversificar nuestra economía es una cuestión de supervivencia.
Que entre la economía ereativa. La economía creativa se centra en la generación de productos y servicios que tienen como su origen y principal impulsor la creatividad, el talento y el conocimiento intelectual. La economía creativa está compuesta por los sectores creativos, que incluye las artes, literatura, innovación y tecnología, videojuegos, gastronomía, diseño, moda y más. La economía creativa es uno de los sectores de mayor crecimiento a nivel global, representa el 3% del PIB mundial, genera más de mil millones de dólares y emplea a más de 30 millones de personas. Lastimosamente en Panamá la economía creativa ha estado por debajo del promedio comparado a otros países de la región.
¿Cuántos Ruben Blades (música), Olga Sinclair (arte visual), Mario Castrellón (gastronomía), José de Gracia (videojuegos), Abner Benaim (cine) y más estarán allá afuera, con limitados recursos, que con una pequeña guía y empujón harían historia? ¿Cuántas personas quisieran vivir del arte y la cultura pero ni siquiera han podido intentarlo por la falta de espacios, apoyo y estabilidad? Seguramente muchos. Tenemos que buscarlos, identificarlos y apoyarlos. La economía creativa también incluye a grandes empresas como Netflix (cine), Nike (moda), Nintendo (videojuegos) que generan miles de empleos, comparten conocimiento e inciden en la economía local. Y por eso hemos creado la ley de economía creativa.
La Ley 424 del 2024, que promueve la cultura, educación y emprendimiento mediante la cconomía creativa, busca hacer que Panamá sea la cuna de las industrias creativas de América Latina. Para ello, la ley obliga al Estado a la creación de un Plan Nacional de Economía Creativa, impulsa la creación de clusters y distritos creativos, busca crear programas para incentivar la exportación de productos creativos, busca la identificación de incentivos para los sectores creativos, crea becas por mérito para estos sectores, involucra a la Autoridad de la Micro Pequeña y Mediana Empresa en su desarrollo y mucho más.
Si se implementa correctamente esta ley que ya está en vigencia, podemos crear miles de empleos, atraer inversión y turismo, convertir a Panamá en un ícono de arte y mejorar significativamente la economía panameña y la vida de miles de personas.
Singapur, un país pequeño, localizado en el medio de Asia, sin una historia cultural y artística milenaria en comparación a países vecinos como China y Japón, logró en 5 años duplicar el valor nominal de sus industrias creativas y emplear a miles de personas. Estoy seguro que si ellos pueden, Panamá puede. El mundo está cambiando y Panamá debe innovar y diversificar.
Sectores que antes jugaban un rol importante en nuestra economía, como las sociedades anónimas y la minería a cielo abierto, están perdiendo su importancia. La economía creativa, junto con la tecnología, pueden ser sectores que inclusive los sobrepasen.
Pero más allá de los números y el crecimiento económico, no olvidemos que la creatividad y el arte nos permite expresarnos, nos hace mejores personas, conecta a nuestras comunidades y logra una nación con mayor confianza en sí misma. Este es el valor principal de la economía creativa y esto urge en Panamá.
El autor es diputado independiente
