Sin duda alguna, aunque entró tarde en nuestras vidas, la palabra del año para Panamá es «mina», que ha protagonizado la vida diaria de los panameños en los últimos meses, sustanciando el hastío y el profundo descontento de una sociedad lastrada de corrupción desde hace décadas. La «mina» que pisó el gobierno actual lo ha hecho volar por los aires, pero la «mala hierba nunca muere» o muere despacio.
En todas sus acepciones y aparentes combinaciones podemos rastrear como «mina» se ha metido en nuestras vidas, y cómo «determina» ahora quién es o no patriota, ignorando que en la discusión y el respeto del que discrepa se construye una democracia más sólida, que crece desde la discrepancia firme pero que no insulta ni arrincona a ningún panameño.
Diputados y gobierno ejecutivo han «minado» a la sociedad panameña, no solo por lo que la palabra significa en términos de socavar la confianza y el ánimo de la sociedad, sino también en términos de plantar, en el terreno de nuestra convivencia, obstáculos que destruyen el camino de nuestro país hacia la consolidación de una democracia estable y próspera.
De esta «mina» espero que extraigamos herramientas reflexivas y argumentativas que desalojen del gobierno a tanto corrupto. Ojalá que este baño de lucha deje poso, que vaya más allá del desahogo social por viejas corruptelas. «Mina» es también la barrita de grafito dentro de los lápices para que escribamos un nuevo año mejor, conscientes de que todo dependerá de la buena ortografía de lo que redactemos.
No olvidemos la conclusión de la parábola de las diez «minas» y gestionemos bien nuestra lucha: «a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará». Espero que hayamos encontrado en esta palabra una «mina» de esperanza a la que fiar el futuro. Que el año que viene podamos encontrar, más allá de ella, el bien que tanto necesitamos.
Feliz y próspero 2024.
El autor es escritor
