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La pandemia silenciosa: los problemas de salud mental en los jóvenes

La juventud es una de las etapas más cruciales en nuestro desarrollo. Durante este período, cultivamos la inteligencia social y emocional, y vivimos experiencias esenciales para el autodescubrimiento. A medida que exploramos y acumulamos vivencias, aumentamos nuestra conciencia del mundo que nos rodea. Estas experiencias tienen un impacto significativo: si no son positivas o se manejan inadecuadamente, pueden generar consecuencias negativas con un impacto a corto o largo plazo. Un problema alarmante es la prevalencia de trastornos mentales en la juventud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años sufre un trastorno mental. Las situaciones y experiencias cotidianas que enfrentan los jóvenes son factores directos que contribuyen al deterioro de su salud mental.

La desinformación y el rechazo a tratamientos médicos para salud mental han contribuido significativamente a lo que se conoce como “la pandemia del siglo XXI”. Entre los diversos padecimientos mentales, la ansiedad y la depresión se destacan como los trastornos que más afectan a nuestra sociedad. Para comprender mejor este tema, es necesario esclarecer qué es la ansiedad y cómo se manifiesta versus los síntomas de la depresión.

La ansiedad es una respuesta instintiva al peligro. En situaciones estresantes o difíciles, es normal sentir preocupación o miedo. Sin embargo, el problema surge cuando estas reacciones ocurren en circunstancias que no justifican una respuesta de ese tipo. La ansiedad crónica puede interferir con la vida cotidiana, causando un malestar significativo.

La depresión, por otro lado, es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una profunda sensación de tristeza, pérdida de interés en actividades habituales y una disminución de la energía. Es una combinación de síntomas como melancolía prolongada, desgano, falta de motivación, sensación de vacío y pesimismo. Esta condición puede afectar significativamente la capacidad de una persona para llevar a cabo sus responsabilidades diarias y disfrutar de la vida e incluso puede llevarla a tomar decisiones drásticas como considerar quitarse la vida.

Ambos trastornos tienen un impacto profundo en la salud mental y en el bienestar general. Su prevalencia subraya la necesidad urgente de abordar la desinformación y las creencias erróneas sobre los tratamientos profesionales disponibles. Es esencial promover una mayor comprensión y aceptación de estos problemas para mejorar el acceso a tratamientos apropiados y apoyos adecuados. Es frecuente que se asocie la ansiedad y la depresión, ya que la ansiedad puede desencadenar depresión en algunas personas, aunque no siempre es el caso y cada situación varía. Por ello, es fundamental identificar los síntomas de depresión. La depresión debe diferenciarse claramente de la tristeza. La tristeza es una emoción temporal que eventualmente desaparece, mientras que la depresión es un trastorno persistente. Esto demuestra que la depresión es un trastorno complejo.

Un estudio realizado por Daniel Martínez Notario en su documental “La Salud Mental en Jóvenes”, con 90 jóvenes encuestados a través de redes sociales, identificó como principales causas de malestar, los estudios (76%), las situaciones familiares (51%), las expectativas y el vacío existencial (46%). Esto evidencia cómo las presiones cotidianas pueden ser abrumadoras y afectar a los jóvenes.

Es imposible ignorar uno de los factores clave en este contexto: la desinformación y la estigmatización. Muchos padres minimizan la importancia de la salud mental en la vida de sus hijos, lo que puede resultar en la falta de apoyo adecuado. Sin las herramientas necesarias, los padres pueden sentirse abrumados. Adoptar la terapia como un recurso para comprender y apoyar a los jóvenes es vital para un desarrollo saludable durante esta etapa tan complicada. La salud mental de los jóvenes se deteriora debido a numerosos factores, a menudo relacionados con su entorno cotidiano. Usualmente, carecen de las herramientas necesarias para gestionar estos desafíos de manera positiva. Sin embargo, existen soluciones efectivas.

Implementar prácticas como una buena alimentación, actividad física regular, llevar un diario personal, el uso adecuado de la tecnología y la escucha activa pueden ser fundamentales para mejorar el bienestar mental. Estas estrategias no solo promueven una mejor salud mental, sino que también ayudan a suturar la grave herida que estos problemas infligen a nuestra sociedad.

El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC) 2023.


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