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La Policía: respeto, vocación y gratitud

La Policía: respeto, vocación y gratitud
La Operación Panamá 3.0 empezó el pasado jueves 10 de octubre. Tomado de @ProtegeryServir

En Panamá se ha vuelto habitual hablar de la Policía desde la desconfianza, el enojo o el prejuicio. Cada error, cada abuso, que debe investigarse y sancionarse, termina proyectándose injustamente sobre toda una institución. Así, las acciones de unos pocos pesan más que el trabajo silencioso y constante de miles de policías que cumplen su deber con honestidad. Esta generalización no solo es injusta; es peligrosa.

Todos los días, sin excepción, hombres y mujeres policías salen a las calles para proteger nuestras vidas, nuestras familias y nuestros bienes. Lo hacen bajo el sol, la lluvia, en la madrugada o en zonas donde muchos no se atreverían a entrar. Mientras la mayoría continúa con su rutina, ellos enfrentan riesgos reales para que la sociedad pueda vivir con un mínimo de orden y tranquilidad.

Ellos son personas. Tienen padres, hijos, parejas. También sienten miedo. También se cansan. Y aun así, se colocan un uniforme y asumen una responsabilidad que pocos estarían dispuestos a cargar.

Tuve la oportunidad de formarme en una escuela militar en los Estados Unidos, y aprendí algo que nunca olvidé: proteger y servir no es un lema, es una disciplina y un compromiso hacia el bienestar de los demás. Implica entrenamiento riguroso, control emocional, respeto por la vida humana y un profundo sentido del deber. Esa misma vocación existe en muchos policías panameños que rara vez reciben reconocimiento, pero con frecuencia reciben desprecio.

Exigir rendición de cuentas es correcto. Nadie está por encima de la ley. Pero destruir la legitimidad de toda una institución por fallas individuales no fortalece a la sociedad; la debilita. Sin su presencia, y cuando se pierde el respeto por quienes mantienen el orden, se abre espacio para el caos, y los primeros en sufrirlo son siempre los más vulnerables.

Por supuesto que deben señalarse los abusos y corregirse los errores. Nadie está por encima de la ley. Pero una cosa es exigir rendición de cuentas y otra muy distinta es generalizar, deshumanizar y deslegitimar a toda una institución. Cuando perdemos el respeto por quienes mantienen el orden, lo que realmente ponemos en riesgo es nuestra propia seguridad como sociedad. La Policía no es un enemigo: es un pilar fundamental de la convivencia, la paz social y el Estado de Derecho.

Tal vez sea momento de cambiar la narrativa. De agradecer más y quejarnos menos. De reconocer que, aunque imperfecta, la Policía está compuesta por personas que también tienen familias, sueños y miedos, y que cada día eligen ponerse un uniforme para proteger a otros.

Una sociedad fuerte no es la que desprecia a quienes todos los días arriesgan su vida para cuidar la nuestra, sino la que exige excelencia con respeto y reconoce el sacrificio con gratitud. La Policía también es Panamá.

El autor es ingeniero mecánico y promotor de proyectos.


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