En un país cuya identidad se forja en la diversidad de sus expresiones culturales, el folclor panameño emerge como una manifestación esencial del espíritu colectivo. Desde el tamborito en Las Tablas hasta los diablicos sucios en Herrera, y de la pollera montuna en Azuero a los cantos tradicionales de los pueblos indígenas, el patrimonio intangible de Panamá no solo define quiénes somos, sino que también tiene el potencial de convertirse en un motor de desarrollo territorial y turístico sostenible.
Este potencial solo puede ser plenamente alcanzado si se integra a un enfoque de ordenamiento territorial que conecte estratégicamente estos territorios culturales con políticas públicas, infraestructura adecuada y una visión de largo plazo.
En este sentido, la idea de diseñar “La Ruta del Folclor en Panamá” se presenta como una herramienta holística que vincule las principales manifestaciones folclóricas del país con un modelo de turismo cultural que impulse tanto la economía local como la conservación del patrimonio.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de Panamá, las estadísticas culturales muestran la riqueza de las expresiones culturales a nivel nacional y su distribución territorial diversa, lo cual constituye una base adecuada para pensar en rutas culturales como producto turístico.
El turismo cultural representa una de las vertientes más dinámicas del turismo global. Según la Organización Mundial del Turismo, aproximadamente 40% de los viajeros internacionales eligen destinos por motivos culturales, incluyendo festivales, artes y tradiciones populares. Algunos países que han sabido capitalizar sus rutas culturales han experimentado beneficios económicos y sociales significativos.
Casos de éxito internacional
Diversas regiones del mundo han demostrado cómo un enfoque bien planificado de rutas culturales puede promover un desarrollo territorial integral. En Alemania, por ejemplo, la German Fairy Tale Route conecta sitios relacionados con las leyendas y la obra de los hermanos Grimm a lo largo de 600 km, atrayendo turistas interesados en la herencia literaria, la historia y las tradiciones locales. Esta ruta no solo impulsa la economía de pequeños municipios, sino que ha generado reconocimiento internacional para comunidades que, de otro modo, permanecerían invisibles para el turismo global.
Otro ejemplo notable es la Ruta de la Cultura Megalítica, en el noroeste de Alemania y países vecinos, la cual enlaza más de 30 sitios arqueológicos que datan de la prehistoria. Este proyecto no solo preserva bienes arqueológicos, sino que también integra a las comunidades locales en la gestión de servicios turísticos, reforzando la identidad regional y promoviendo una economía diversificada.
Hacia una Ruta del Folclor en Panamá
La propuesta de una Ruta del Folclor en Panamá debe comenzar con un inventario participativo de expresiones culturales, lugares, festividades y prácticas tradicionales que conforman el acervo vivo del país. Este inventario guiaría la selección de nodos culturales, entendidos como puntos de interés folclórico que puedan integrarse en circuitos turísticos temáticos.
A partir de aquí, se debe trabajar en conjunto con autoridades locales, comunitarias y el sector privado para establecer infraestructura de calidad, señalización cultural, rutas seguras y experiencias inmersivas que respeten la autenticidad de cada expresión folclórica.
Además, el ordenamiento territorial permite identificar zonas con potencial de desarrollo turístico sin comprometer valores ambientales o sociales. La coordinación entre instituciones culturales y de planificación municipal será clave para que estas rutas no solo atraigan visitantes, sino que contribuyan al fortalecimiento de la identidad local, la generación de empleos y la revitalización de economías regionales.
En definitiva, al vincular el folclor panameño con una estrategia de ordenamiento territorial orientada al turismo cultural, no solo se promueve una lectura más profunda de nuestra diversidad cultural, sino que se crea un modelo sostenible que beneficia tanto a las comunidades anfitrionas como al país en su conjunto.
La Ruta del Folclor puede ser, entonces, una ventana hacia Panamá para el mundo y una plataforma de desarrollo inclusivo para sus propios habitantes.
El autor es arquitecto, estudiante de Maestría en Ordenamiento Territorial para el Desarrollo Sostenible y exministro de Vivienda.


