El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA) ha elegido el lema “Solidaridad mundial, responsabilidad compartida” para celebrar este Día Mundial del Sida en 2020, un año inolvidable para la humanidad.
Hablar de solidaridad y de responsabilidad nos hace recordar los esfuerzos conjuntos que hemos empeñado durante esta pandemia de la Covid-19, así como el movimiento que vivimos hace 40 años para vencer los obstáculos impuestos por otra pandemia mortal que hasta el día de hoy no ha sido superada: la del sida.
Desde una perspectiva pública, los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades, junto con organismos multilaterales como ONUSIDA y toda la familia de las Naciones Unidas, universidades y el sector privado tuvieron que unirse para responder a la pandemia.
Al mismo tiempo, tuvieron que unir esfuerzos para mantener la respuesta al sida en evidencia y abogar no solo por el acceso a los servicios básicos de VIH para todas las personas, incluyendo a las más vulnerables, sino también para promover abordajes mejorados, como la dispensación multi-mes de antirretrovirales –para al menos 3 meses–, el mayor apoyo entre pares para la promoción y mantenimiento de la prevención combinada del VIH y, no menos importante, un enfoque más dedicado a la salud mental entre las personas que viven con el VIH.
Desde una perspectiva individual, la Covid-19 nos ha demandado asumir nuestras responsabilidades como ciudadanos a medida que nuestras propias decisiones, actitudes y comportamientos se pusieron bajo el escrutinio público, empujándonos cada vez más a un rol de protagonistas en la salud pública.
La pandemia del nuevo coronavirus se produjo en un momento en que nuestros deberes y responsabilidades con la pandemia de VIH –igualmente importante y amenazadora –, aún no se habían cumplido según lo planeado. En ese sentido, debemos asegurarnos de entender que las medidas que tomemos a partir de ahora en respuesta al VIH serán decisivas para encaminarnos hacia el compromiso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la agenda 2030 de poner fin a al sida como una amenaza para la salud pública.
La escala de la epidemia del VIH sigue siendo escandalosa y, fundamentalmente, sigue las líneas de falla de las desigualdades, afectando las personas más vulnerables y las que están al margen de nuestra sociedad. Una desigualdad ahora aún más acentuada por la presencia de la Covid-19 entre nosotros. Podemos y debemos cerrar esas brechas.
La financiación para las respuestas al VIH en América Latina ha aumentado constantemente desde 2010 y la disponibilidad de recursos para el VIH provenientes de fuentes nacionales experimentó un aumento del 91% entre los años 2010 y 2019. La disponibilidad total de recursos para el VIH en la región aumentó en un 12% entre 2017 y 2019 y en un 21% entre 2018 y 2019.
Todavía en muchos aspectos, el éxito hacia el fin del sida depende de cómo responda la región y el mundo a la Covid-19.
En este sentido, el liderazgo y la participación de las comunidades ha sido clave. Hemos visto innumerables ejemplos de cómo el activismo y la solidaridad comunitarios, una vez más, son fundamentales para brindar información, servicios, protección social y esperanza a las personas afectadas por el VIH. No obstante, esa solidaridad no puede ser responsabilidad exclusiva de las comunidades. Cada uno de nosotros debemos contribuir a hacer del mundo un lugar más saludable.
La solidaridad mundial y la responsabilidad compartida requieren que veamos las respuestas de salud mundial, incluida la respuesta al VIH, desde una nueva perspectiva, inevitablemente transversal y conectada. Requiere que el mundo se una, para asegurar que la salud esté totalmente financiada, que los sistemas de salud se fortalezcan, que el acceso a servicios de salud esté garantizado, que los derechos humanos sean respectados y que los derechos de las mujeres y niñas tanto como la igualdad de género estén en el centro.
El autor es director regional para América Latina y el Caribe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA).