La persecución anticientífica, la inquisición, el estalinismo, el antisemitismo, el macartismo y, más recientemente, la demonización antiinmigrante, son apenas unos pocos ejemplos de los extremos a los que se puede llegar al señalar a ciertos grupos como chivos expiatorios. Fue y es una práctica común adoptada como arma política para distraer a la población. Surge de la ignorancia o de la incapacidad manifiesta de resolver un problema y por eso recurren a la divulgación de mitos primitivos e inventados que desafortunadamente quedan arraigados en un círculo vicioso de auto engaño.
Algo similar pareciera estar ocurriendo en Panamá con el “problema de los medicamentos”.
Efectivamente, la Caja de Seguro Social (CSS) sufre constantemente de escasez de medicamentos y los precios en las farmacias privadas son mucho más elevados que en Colombia y que en varios países de Europa. Esta situación no es nueva. Existe desde los tiempos de Omar Torrijos y las razones de esas diferencias son distintas para cada país, pero de allí a considerar que los distribuidores son los responsables de esas dos situaciones tildándoseles de “mafia” solo confirma el grave desconocimiento de aquellos que diseminan esas teorías sin por lo demás, contribuir a resolver el problema. Denota una tendencia al pensamiento complotista y no a la seria reflexión.
Se creó el mito que esa escasez se debía a acuerdos monopólicos u oligopólicos entre distribuidores para que los pacientes tuvieran que comprar en sus farmacias a precios elevados.
Otro mito es que sus márgenes son millonarios, algo absolutamente falso y fácil de comprobar.
Además, cada fabricante tiene como mínimo dos distribuidores y algunos hasta cinco o seis. Si esos mitos fueran ciertos, todo Wall Street estaría tratando de ser distribuidor de medicamentos en Panamá.
El camino inicial para resolver el desabastecimiento debería ser identificar sus causas, haciendo un diagnóstico preciso. Bueno, resulta que la administración actual de la CSS tiene las conclusiones a las que llegó una investigación convocada por el director anterior de la misma CSS en 2019, la cual identificó como primera razón del desabastecimiento recurrente la falta de un sistema informático robusto. Actualmente, no saben qué pedir, cuándo pedir ni cuánto pedir y cada licitación toma no menos de 12 meses en organizarse.
La veracidad de esa primera conclusión volvió a quedar en evidencia recientemente cuando la mesa de medicamentos convocada por el vicepresidente de la República, publicó una lista de 132 medicamentos supuestamente en desabastecimiento crítico.
Con sorpresa, algunos distribuidores identificaron no menos de 15 medicamentos que no estaban desabastecidos o estaban a la espera de la orden de compra. Peor aún: había casos donde la institución estaba totalmente desabastecida, los pacientes y sus familiares estaban sufriendo, pero el proveedor tenía inventario caducando en sus bodegas a la espera de la orden de compra. Fue necesario que la Cámara de Comercio escribiera una carta señalando esas graves deficiencias. Cuando finalmente publicaron el decreto, ese listado quedó reducido a 62 medicamentos. Quedó nuevamente confirmado que, sin un sistema informático, no pueden administrar su demanda.
¿Qué significa lo anterior? Significa que la solución adoptada de comprar de manera discrecional o de comprar directamente a agencias internacionales no resolverá el problema del desabastecimiento y siempre habrá faltantes o excedentes. ¡Siempre!
La segunda causa identificada en 2019 es que los procesos burocráticos son excesivamente complejos y redundantes. Es un verdadero nudo gordiano que sería muy largo describir en este corto espacio, pero el peligro que compren productos sin calidad, seguridad y eficacia que están obligados a comprar es una posibilidad muy real.
La tercera razón identificada es que no existe una administración profesional del recurso humano. Cada nueva administración trae su personal de confianza con sueldos similares o superiores a los funcionarios con larga experiencia y conocimientos en el manejo de la cosa pública. Eso crea un ambiente tóxico y, como si lo anterior fuera poco, cada administración recibe exigencias de sectores políticos y gremiales para que la institución contrate a seguidores.
Conclusión: el primer paso para resolver el problema ya se tomó. Ese diagnóstico se llama: “Diagnóstico y Recomendaciones de Procesos de Compra de Medicamentos” de 2019.
¿Por qué la CSS y la mesa de medicamentos ignoran sus recomendaciones? Quizá decidieron adoptar el criterio usual en Panamá de descartar lo que hizo el predecesor.
El autor es presidente de la Asociación de Representantes y Distribuidores de Productos Farmacéuticos (Aredis)
