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La terquedad de las laptops

La terquedad de las laptops
El Meduca adjudicó la compra de 54 mil ordenadores personales a un precio global de $28,482,651.00. Foto archivo

La educación panameña vive su momento más difícil desde la caída de la dictadura militar. El régimen proempresarial, con una narrativa cada vez más agresiva, ha instalado un discurso que busca denigrar, satanizar y judicializar al gremio magisterial, mientras la ejecución presupuestaria del Ministerio de Educación permanece sorprendentemente baja. En medio de esta tormenta producida por la consolidación fiscal, Panamá se retiró de la prueba internacional PISA (Programme for International Student Assessment), justo cuando más se necesita información objetiva para diagnosticar y tratar los problemas del aprendizaje y del entorno pedagógico.

El panorama causa frustración. El istmo enfrenta una crisis educativa profunda en la que las decisiones parecen responder más a impulsos políticos que a evidencia pedagógica. A esto se suma una mentalidad que parece haberse quedado atrapada en 2009, en pleno colapso financiero global. Al mismo tiempo, el Ministerio de Educación impulsa una acelerada “digitalización” del sistema escolar mediante la compra masiva de laptops para estudiantes. El discurso del paso firme insiste en vender tecnología como si fuera una solución mágica y menosprecia la evidencia proveniente de la experiencia de Suecia.

Las autoridades suecas comenzaron a invertir miles de millones de dólares a partir de 2009 para reducir el uso de libros impresos y trasladar gran parte del aprendizaje a dispositivos digitales. La promesa fue modernizar la enseñanza y mejorar los resultados. Quince años después comenzaron a observar algo inquietante: los estudiantes leían menos, comprendían peor los textos y retenían menos información.

El Consejo Nacional de Suecia informó en 2023 que los estudiantes que dependen principalmente de recursos digitales (pantallas) presentan una reducción significativa en la capacidad de análisis y comprensión frente a quienes utilizan libros impresos. La comprensión lectora cayó de forma sostenida y el gobierno decidió revertir la estrategia, destinando más de 100 millones de euros para facilitar el regreso a los libros físicos. Lo que no se mide no se mejora, y ya se entiende mejor el afán del “paso firme” por abandonar la prueba PISA.

Pero la experiencia del país más tecnológico de Europa no es un caso aislado. Metaanálisis recientes evidencian un pequeño efecto que favorece la comprensión lectora en formato impreso frente a la pantalla (Clinton, 2019; Delgado et al., 2018; Salmerón et al., 2024). Las condiciones exactas y las causas para explicar cuándo y por qué ocurre este efecto aún no están claramente identificadas.

Una explicación frecuente es la hipótesis de la superficialidad: la idea de que, a medida que los lectores interactúan con entornos digitales, adoptan una mentalidad que favorece el consumo de información rápida, corta e inmediata. Esta mentalidad, desarrollada a través del uso intensivo de dispositivos digitales, puede impedir que los lectores participen en el tipo de procesamiento profundo asociado con los niveles avanzados de comprensión lectora (Baron, 2015).

Otra explicación es la hipótesis de la cadena digital de Wolf (2018), que sostiene que, ante el aumento sin precedentes de información en Internet, las personas han transformado sus hábitos de lectura, los cuales se han vuelto “raramente continuos, sostenidos o concentrados”. Estos hábitos ya no favorecen la concentración, pues los lectores deben enfrentar un bombardeo constante que divide la atención entre múltiples fuentes de información.

Según esta hipótesis, dicho cambio impediría que los lectores jóvenes expuestos principalmente a materiales digitales desarrollen plenamente su capacidad de concentración durante la lectura, ya que los textos digitales actuales pueden no requerir atención selectiva durante largos períodos de tiempo.

Más allá de la comprensión, la evidencia apunta a problemas de retención y concentración. La lección sueca es clara: la tecnología es una herramienta poderosa, pero no sustituye los fundamentos pedagógicos. Sin la prueba PISA, la digitalización mediante laptops corre el riesgo de convertirse en un experimento costoso en el que no se podrán identificar brechas ni exigir rendición de cuentas.

No me opongo a la innovación. Lo que debemos preguntarnos es qué problema educativo se pretende resolver con las laptops y con qué evidencia se justifica un gasto multimillonario. Las pantallas no reemplazan el pensamiento crítico.

Los libros han demostrado su eficacia en el desarrollo cognitivo. Esperemos que la terquedad de las laptops no termine convirtiéndose en una plataforma para difundir propaganda —por ejemplo, sobre la minería a cielo abierto— cada cierto tiempo. Las laptops sin transparencia y sin evaluación independiente no representan modernización: son un riesgo para el futuro de la nación en nombre de una promesa que la evidencia escandinava ya ha puesto en duda.

El autor es médico sub especialista.


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