En los últimos días, la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi) ha sido objeto de críticas por parte de importantes sectores del país, tanto del Estado como de la sociedad. Sin embargo, antes de emitir opiniones apresuradas, es fundamental recordar algunos aspectos constitucionales y legales que enmarcan esta situación.
La Constitución Política de la República de Panamá, en su Artículo 104, establece: “Para hacer efectiva la autonomía de la Universidad, el Estado la dotará de lo indispensable para su instalación, funcionamiento y desarrollo futuros, así como del patrimonio de que trata el artículo anterior y de los medios necesarios para acrecentarlo”. Este principio es crucial para entender el funcionamiento de la Unachi.
La Ley 4 del 16 de enero de 2006, en su Artículo 2, refuerza este concepto al garantizar que la Unachi goza de autonomía en su gestión administrativa, financiera, de producción, y de servicio, entre otras áreas. Esta autonomía es fundamental y no debe ser vulnerada.
¿Por qué es relevante mencionar esto ahora? El 14 de agosto de 2024, la rectora de la Unachi, acompañada por la vicerrectora administrativa, Rosa Moreno, y la directora de Planificación, Iris Fuentes, asistió a la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional para solicitar dos traslados de partidas. Sin embargo, estas solicitudes fueron rechazadas unánimemente, lo que ha generado controversia.
Al día siguiente, el presidente de la República, José Raúl Mulino, declaró en su conferencia de prensa semanal: “...a esta señora no hay que darle un real más… Chiriquí merece mejor centro universitario que lo que tenemos en este momento…”. Si bien es válido que los funcionarios ejerzan su rol fiscalizador, es vital recordar que la autonomía de la Unachi está protegida por la ley y que este principio no debe ser comprometido.
La historia ofrece un precedente significativo: la reforma universitaria de 1918 en Córdoba, Argentina, que estableció la autonomía universitaria como un principio fundamental en América Latina, asegurando que las universidades operen independientemente de las presiones políticas y religiosas. Hoy, la Unachi enfrenta desafíos similares, y la defensa de su autonomía sigue siendo crucial para garantizar que nuestra institución pueda cumplir con su misión de formar ciudadanos libres y críticos.
Como estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, me preocupa profundamente que se esté olvidando la importancia de la autonomía universitaria. Las universidades estatales, aunque dependen financieramente del presupuesto del Estado, no deben estar sujetas a presiones políticas. Comentarios como “no darle más dinero” son alarmantes, ya que la Unachi es una universidad estatal y no propiedad privada de ninguna persona.
Es innegable que se deben realizar cambios en la Unachi, pero estos deben abordarse de manera constructiva. Algunas ideas podrían incluir limitar a un solo salario proveniente del Estado por persona, establecer un solo período continuo para los cargos de elección, fomentar mayor transparencia en la gestión, y ajustar la ponderación de los votos. Estas propuestas, aunque puedan parecer fuertes, buscan mejorar nuestra universidad.
En cuanto a la reciente demanda de renuncia de la rectora por parte de algunas fuerzas internas, considero que esto desestabilizaría nuestra casa de estudios. La rectora fue elegida democráticamente, y este hecho debe respetarse. Sin embargo, es indiscutible que debemos exigir la renuncia de la vicerrectora administrativa, Rosa Moreno, y de la directora de Planificación, Iris Fuentes, por su pésima gestión. Estas funcionarias no fueron elegidas en un torneo electoral, y su permanencia afecta la imagen pública de la Unachi.
Finalizo haciendo un llamado a nuestras autoridades, honorables diputados y al presidente de la República, para que visiten la Unachi. Estudiantes como yo podríamos ofrecer ideas para mejorar esta importante institución. Necesitamos construir nuestra Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, pero esto solo será posible si existe la intención presupuestal. Unámonos, sin intereses políticos, para mejorar la imagen de la Universidad Autónoma de Chiriquí.
El autor es estudiante de la carrera de Derecho y Ciencias Políticas en la Unachi.