Exclusivo Suscriptores

La urgencia de una educación intercultural

La arbitraria demolición del monumento conmemorativo del 150 aniversario de la llegada de los chinos a Panamá ha dejado en evidencia al menos dos aspectos clave: la visible influencia hegemónica externa que presiona a nuestras autoridades y la profunda carencia de formación en valores interculturales en amplios sectores de la ciudadanía.

De la primera no me voy a ocupar, porque salta a la vista y no deseo que digan que pesco en río revuelto. Sí me ocuparé del otro tema, porque es particularmente preocupante. La destrucción del parque ha sido grave; no obstante, lo más terrible han sido las opiniones de muchos ciudadanos sobre el tema, las cuales demuestran no solo una falta de sensibilidad histórica, sino una peligrosa postura xenofóbica que no debemos ignorar.

Cuando no hay autoridades sensibles que sepan cuidar y respetar la memoria cultural, vemos con tristeza cómo esta se derrumba. Pero es más doloroso leer las opiniones de una ciudadanía llena de prejuicios: personas con argumentos infames y cobardes que rozan el odio.

Sin pudor, se atreven a parafrasear las palabras de Donald Trump: “Panamá para los panameños”. No tienen ni una gota de empatía por el migrante y olvidan que todos tenemos algo del “otro” en la sangre. Si no valoran ni reconocen el aporte de la comunidad china, ¿qué se puede pensar entonces de lo que sienten por otras etnias, incluidos nuestros propios hermanos indígenas y afrodescendientes?

Somos un país bueno, no lo pongo en duda, pero también nos falta mucho por aprender del otro. Hay poca solidaridad entre nosotros mismos. Atributos como la unidad y la cooperación que tienen los chinos no los tenemos, porque entre nosotros mismos nos cerruchamos, para hablar en buen panameño.

En un artículo titulado “Apuesta intercultural”, publicado el 11 de marzo de 2022 en La Estrella de Panamá, la doctora en Relaciones Internacionales, Liska Gálvez, subraya la necesidad imperativa de transformar nuestro sistema educativo hacia un modelo de educación intercultural que no solo tolere la diferencia, sino que la celebre y la integre como motor de desarrollo.

Una educación intercultural sólida enseñaría que estos monumentos no pertenecen a un gobierno local ni a un grupo específico, sino que son “patrimonio nacional de Panamá y un acervo espiritual compartido entre los pueblos”, como bien señala la declaración solemne de la Embajada de China en Panamá.

La memoria no se destruye: se custodia y se cuida, y esto solo se logra cuando los ciudadanos comprenden el valor intrínseco de cada etnia en la formación de la identidad del país. La doctora Liska Gálvez advierte que las identidades nacionales están sujetas de forma permanente a la “instrumentalización política” y que se “caracterizan por su artificialidad”.

La educación intercultural actúa como un antídoto contra estos nacionalismos estrechos que generan “tribalismo social, neoaislacionismo, posverdad, xenofobia y racismo”. Por eso, en ocasiones, la identidad nacional es manipulada para fines excluyentes o populistas.

Al educar sobre la porosidad de las culturas y su interdependencia, se evita que las autoridades tomen decisiones unilaterales —como la demolición de símbolos culturales sin consulta—. De este modo, se enseña que la identidad no es un atributo homogéneo y estático, sino una construcción diversa y dinámica.

La educación intercultural debe dotar al panameño de competencias para interactuar en un mundo “multiplex”, señala Gálvez, y añade: “en un mundo entrópico, imperado por la anomia, donde la gobernanza tambalea, la interculturalidad es la herramienta colectiva-humanista para superar impulsos unilaterales”. ¿Cuántas veces hemos experimentado estos impulsos unilaterales y arbitrarios por parte de las autoridades?

Formar a las nuevas generaciones bajo este paradigma permite que el país se posicione no solo como un centro de tránsito de mercancías, sino como un centro de entendimiento humano. Esto implica cultivar la capacidad de “comprender al otro” al margen de la mera mercantilización, promoviendo una mente “aperturizante” que venza los sesgos cognitivos y el etnocentrismo.

El modelo educativo tradicional panameño se ha quedado en el “multiculturalismo”, que simplemente permite la coexistencia sin verdadera interacción. Solemos decir “Panamá, crisol de razas”, “Puente del Mundo” o “Corazón del Universo”, pero ¿cuál es el sentido humanista de estas metáforas?

Gálvez sostiene que la esencia interactiva intercultural implica “reconocer la propia cultura y la ajena, vencer sesgos cognitivos, superar el etnocentrismo y el determinismo cultural, cruzar de la tolerancia hacia el respeto, trascender el lado oscuro del ‘parochialism’, adoptar modalidades de comportamiento pacíficas y aceptar la diferencia como riqueza”.

La multiculturalidad es como un barrio donde vecinos de diferentes países viven uno al lado del otro, pero nunca se saludan ni se conocen; en cambio, la interculturalidad es como una gran mesa compartida donde cada vecino trae un platillo típico, comparte historias y crea comunidad. Es una propuesta utópica, como dice Liska Gálvez, pero con soporte en el intercambio, la riqueza y la convivencia.

El autor es escritor.


LAS MÁS LEÍDAS

  • Pagos a jubilados y pensionados 2026: fechas por ACH y cheque según la CSS. Leer más
  • Contraloría refrendó casi $10 mil para demolición del monumento chino antes del operativo nocturno. Leer más
  • ‘Fue una sorpresa para nosotros’, afirma la presidenta del Concejo de Arraiján sobre la demolición del monumento chino. Leer más
  • Concurso General de Becas 2026: Ifarhu abre convocatoria en enero. Leer más
  • Estas son las vacantes disponibles en el proyecto del Cuarto Puente. Leer más
  • Tribunal deja sin efecto acuerdo de pena de Mario Martinelli en el caso granos y declara nula parte de la investigación. Leer más
  • Restablecen servicio de la Línea 2 del Metro tras presencia de adulto mayor en la vía. Leer más