La “venta política” de esquiroles gremiales, de tránsfugas políticos, así como la abjuración de los principios éticos y morales no son fenómenos novedosos en Panamá. Tampoco lo es el uso de recursos del Estado para financiar tan deleznables y reprochables endosos políticos.
El caso más reciente es el del actual secretario general de la Juventud de la entelequia política Partido Revolucionario Democrático (PRD), como lo fue en su momento el ahora catedrático y exdirector del Ifarhu. La juventud de grandes ideales e incorruptible de otrora es cosa de un pasado lejano; han transcurrido 35 años de gobiernos de la plutocracia corrupta y clientelista que han logrado permear importantes sectores de la sociedad, entre ellos, la juventud.
¿Dónde se extravió el PRD de gente decente y “roncona”? En mi opinión, desde que la cúpula del otrora partido de Omar fuera asaltada primero por la Comandancia de la Guardia Nacional (luego del asesinato del general Omar Torrijos) y, después, por los “rabiblancos” enquistados en la dirigencia del PRD.
De tal suerte, “esos polvos trajeron estos lodos”. Ha sido una tragedia política generacional que imposibilita romper el “nudo gordiano” que ata a enormes masas juveniles al carruaje del cohecho o de las actuaciones contrarias a la ética política.
Se requiere un “revolcón político” en el PRD, que solo pueden llevar a cabo los torrijistas de a pie, pues los encumbrados dirigentes, entre ellos el hijo del general, están buscando “hacer tolda aparte”, por supuesto, usando la figura de “el más taquillero de los santos”: San Omar.
¡Así de sencilla es la cosa!
El autor es abogado y analista político.
