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La verdadera victoria es aprender a jugar

La verdadera victoria es aprender a jugar
Caleb Yirenkyi (i) de Ghana disputan el balón con Andrés Andrade de Panamá este miércoles, en un partido del grupo L del Mundial de la FIFA 2026 entre Ghana y Panamá en el estadio BMO en Toronto. EFE/ Bienvenido Velasco

Quizás una de las lecciones más interesantes del partido entre Panamá y Ghana tiene que ver con la diferencia entre la perfección y lo suficientemente bueno.

Panamá perdió el juego, pero el marcador por sí solo no cuenta toda la historia. Durante gran parte del partido tuvo el control de la pelota, construyó jugadas, generó oportunidades y mostró una identidad de juego clara. Sin embargo, también quedó en evidencia una dificultad que apareció repetidamente: la dificultad para finalizar.

En varios momentos, Panamá hizo gran parte del trabajo necesario para generar peligro. Recuperaba la pelota, avanzaba, encontraba espacios y llegaba a posiciones favorables. Pero, al acercarse al arco, parecía surgir algún obstáculo. Las jugadas quedaban inconclusas, el último pase no llegaba o la definición no era efectiva. No fue un hecho aislado, sino un patrón que se repitió a lo largo del encuentro.

A veces, cuando llega el momento de dar el último paso —en el juego o en la vida— algo se dificulta. No siempre sabemos por qué. Pero pareciera que, justamente cuando la meta está cerca, pueden aparecer dificultades para culminar aquello que ya está casi logrado. Y ahí es donde analizar no solo los aspectos técnicos, sino también las fantasías inconscientes que pueden estar en juego, cobra importancia.

Al mirar el partido después, resulta llamativo pensar que la misma dificultad que aparecía al final de muchas jugadas terminó reproduciéndose al final del propio partido. Como si el patrón se hubiera repetido a una escala mayor. Y fue precisamente lo que ocurrió en los últimos minutos, cuando Ghana logró marcar el gol de la victoria. En ese sentido, la derrota puede entenderse no solo como una pérdida, sino también como una indicación clara de dónde se encuentra el próximo desafío de crecimiento.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente si Panamá ganó o perdió. Tal vez la pregunta sea si fue capaz de desplegar sus fortalezas. Y la respuesta parece ser que sí. Hubo aspectos valiosos, aun cuando el resultado no fue el deseado.

Incluso el propio técnico de la selección panameña, Thomas Christiansen, señaló que, en algunos momentos, el equipo se apartó de aquello que constituía una de sus fortalezas y del plan de juego que había preparado. Aun así, el desempeño mostró que existen recursos importantes sobre los cuales seguir construyendo.

Eso recuerda otra gran lección que Panamá le dio al mundo durante el Mundial de Rusia. Aunque perdió sus tres partidos, el gol de Felipe Baloy frente a Inglaterra fue celebrado por todo un país. Aquella celebración mostró que es posible reconocer una conquista dentro de una derrota. No se trataba de negar la realidad del resultado, sino de reconocer que había algo valioso que también merecía ser visto.

La fanaticada panameña se hizo famosa durante ese Mundial por su capacidad de celebrar. Mientras otros medían el éxito únicamente por el resultado, los panameños mostraron al mundo que es posible reconocer lo valioso aun en medio de la derrota. Su entusiasmo se convirtió en una lección de resiliencia y orgullo.

En la vida ocurre lo mismo. Si solo valoramos el éxito perfecto, terminaremos viviendo frustrados. En cambio, cuando podemos reconocer lo que sí se logró, aun sabiendo que quedan cosas por mejorar, aparece la posibilidad de aprender y seguir creciendo. La idea de lo suficientemente bueno no implica conformarse ni renunciar a mejorar. Significa poder reconocer que algo tiene valor aun cuando no sea perfecto.

También surgió el comentario de que alguien en Ghana había hecho brujería. Pero quizás la verdadera brujería es la que uno se hace a sí mismo cuando olvida sus fortalezas y queda tan concentrado en lo que falta que pierde de vista todo lo que ha construido. Es creer que una derrota borra el esfuerzo realizado.

De cara a los partidos contra Croacia e Inglaterra, quizás la tarea no sea buscar la perfección. Tal vez sea confiar en las fortalezas que ya existen y recordar que lo suficientemente bueno no significa conformarse. Significa poder decir: “Todavía hay cosas que mejorar, pero también hay razones para sentirnos orgullosos”.

Al final, este fue un partido que deja enseñanzas más allá del resultado. Y quizás, parafraseando una conocida canción de Guilherme Arantes, popularizada por Elis Regina, la vida consiste en aprender a jugar: no siempre ganando, no siempre perdiendo, sino aprendiendo a jugar.

También el fútbol puede recordarnos que crecer no depende únicamente del marcador. A veces, la verdadera victoria consiste en reconocer lo que ya hemos logrado, tolerar lo que aún falta y seguir adelante.

La autora es psicoanalista y psicoterapeuta de la Asociación Panameña de Psicoanálisis (APAP) y de la International Psychoanalytical Association (IPA).


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