La vocación médica es una de las expresiones más sensibles y humanas que pueden existir entre un profesional y su paciente. La Real Academia Española define la vocación como la “inclinación a un estado, una profesión o una carrera”. Sin embargo, quienes ejercemos la medicina sabemos que la vocación va mucho más allá de una definición. Está acompañada de compromiso, ética, responsabilidad y una entrega constante al cuidado de la vida humana.
En Panamá, cada 21 de mayo celebramos el Día del Médico, una fecha que conmemora el inicio de la enseñanza médica en la Universidad de Panamá y que, desde hace 75 años, honra a quienes han dedicado su vida al servicio de los demás. Más allá de la historia y de los reconocimientos, esta fecha nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de ser médico.
Puedo decirles que ser médico no es únicamente ejercer una profesión. Es vivir con el corazón dispuesto al sacrificio; es responder aun cuando el cansancio supera las fuerzas; es acompañar a nuestros pacientes en sus momentos más vulnerables; sostener la esperanza cuando el miedo aparece y, muchas veces, colocar el bienestar de otros por encima del propio.
La medicina se ejerce en hospitales, centros de salud, consultorios, laboratorios y comunidades. También se ejerce en espacios menos visibles, donde el trabajo cotidiano contribuye a generar conocimiento para prevenir enfermedades, mejorar tratamientos y ofrecer nuevas oportunidades a los pacientes. Allí es donde la investigación médica desempeña un papel fundamental.
Quienes estamos enfocados en ejercer la medicina desde la investigación contribuimos al avance y la transformación de la salud, no solo en nuestro país, sino también a nivel mundial. Como investigadores, priorizamos la prevención y la promoción de la salud, muchas veces detrás de escena, mediante el desarrollo y seguimiento de nuevas medidas terapéuticas, como vacunas, medicamentos y dispositivos médicos. Cada estudio realizado con rigor científico representa una oportunidad para comprender mejor las enfermedades y mejorar la calidad de vida de las personas.
Los avances que hoy consideramos parte de la práctica médica habitual son el resultado del trabajo de generaciones de investigadores comprometidos con la búsqueda de respuestas. Gracias a la investigación, la humanidad ha logrado controlar enfermedades, ampliar la expectativa de vida y desarrollar tratamientos que hace apenas unas décadas parecían imposibles.
Por ello, hoy rindo homenaje a aquellos colegas que, como yo, ejercemos nuestra vocación en el campo de la investigación. Los exhorto a continuar haciéndolo con respeto por nuestro código ético, sensibilidad hacia nuestros pacientes y una vocación genuina de servicio. La investigación médica exige disciplina, perseverancia y responsabilidad, pero también una profunda convicción de que cada hallazgo puede contribuir al bienestar de muchas personas.
A quienes hacen de su profesión un acto de amor y entrega. A quienes siguen creyendo en la empatía, en la dignidad del paciente y en la medicina basada en la evidencia, ejercida con humanidad. A cada uno de ustedes, ¡gracias por honrar el arte más humano que existe!
La autora es médico y subinvestigadora de Centro de vacunación e investigación (Cevaxin), parte de la red Endpoints, para Ciencia en Panamá.


