Desde que nacemos, la familia, amigos y conocidos tienen expectativas sobre nosotros. Debemos complacer y cumplir con muchas personas, pero, aunque aún no somos dueños de nuestros actos, es inevitable pensar que, para la mujer, hay un peso mayor desde que nace. ¿Por qué? Porque la sociedad nos ha impuesto la carga de ser las responsables de la educación de los hijos y, con ello, la responsabilidad también de sus actos.
Es una realidad que, si educas “bien” a tus hijos, recibirás aplausos y todos se sentirán orgullosos de tu esfuerzo. Pero, ¿qué pasa si no es así? Si, al crecer, cada niño que se convierte en hombre o mujer adulta decide llevar una vida distinta a la que mediante la educación le impartió su madre. Y es que hablamos de la mujer en particular porque, generalmente, es ella quien se queda en casa a cargo de los niños, mientras el hombre provee. Pero eso no la exime de que, aunque haya dado amor, reciba dolor y traición.
En Panamá y en el mundo, la violencia contra la mujer está creciendo. La forma en que se está arrebatando la vida de las mujeres es cada día más sangrienta, con más odio, crueldad y fuerza. Estamos viviendo episodios traumáticos en donde siempre hay un común denominador: se está perdiendo la vida en manos de alguien que alguna vez juró amarnos. Pero, ¿qué hay detrás de este odio, de ese dolor que ha motivado a un ser a arrebatar los sueños y la esperanza de esa otra persona que lo único que hizo fue amar y confiar?
Cada día, en el interior del país, hay un nuevo caso; la violencia contra la mujer no para. Solo cambian los actores y el escenario. Este fenómeno existe en todos los niveles, no importa si vienes de un barrio pobre o de uno fino, si eres joven o adulta, si eres guapa o fea, si eres una profesional o ama de casa. La violencia no distingue, no selecciona.
Pero, ¿nos hemos preguntado qué lleva a un hombre o mujer a arrebatar la vida de un ser querido? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos cambiar en la educación para forjar hombres y mujeres de bien? ¿Tengo la culpa de los actos de mi hijo en mi contra o en contra de la mujer que escogió para su vida? Nos preguntamos a diario si estamos haciendo bien las cosas y qué podemos hacer para cambiar esta dura realidad que golpea nuestro país.
Hago referencia a los hombres o hijos, ya que, en su mayoría, son ellos los protagonistas de estos actos que llenan de dolor a la sociedad. Pero no puedo dejar de mencionar que también han existido casos donde las hijas o mujeres son las causantes de muerte hacia sus madres o parejas. Aunque en estadísticas son menos, no dejan de existir.
Entonces, ¿la violencia se engendra o se crea? ¿Qué estamos haciendo como familia, como sociedad, para cambiar esta realidad? ¿Dónde debemos apoyarnos o a quién acudir para hacer un alto en esta ola de violencia que está consumiendo nuestras vidas? ¿Quién o quiénes son los culpables de este dolor que está llenando de luto a varias familias? Porque recordemos que no es solo la víctima quien pierde la vida; es la familia que queda marcada con ese recuerdo, los hijos que sobreviven a esa tragedia. Por otro lado, está la familia del que causó ese dolor, que tendrá que vivir con la pena y la vergüenza de ser señalada por la sociedad, y más aún, con la idea de un ser amado destinado a la muerte o al encierro por muchos años.
¿Qué tendremos que hacer para no llegar a ser una víctima más? Empecemos a crear conciencia de este flagelo llamado violencia.
La autora es secretaria.