Panamá es un país bendecido con una riqueza en biodiversidad de fauna, flora y microorganismos. Dentro de toda esta riqueza se encuentra uno de los insectos más conocidos por infantes, jóvenes y adultos a nivel mundial, por todos los beneficios que ofrece a la naturaleza y a la humanidad; por supuesto, hablamos de las abejas. En algunos casos nos parecen insectos graciosos por sus formas, tamaño y colores; pero, por otra parte, pueden causar temor, porque algunas especies de abejas tienen poderosos aguijones que utilizan para inyectar un veneno no letal para algunas personas; sin embargo, para otras que sufran de alergias podría resultar fatal.
Es de todos conocido el potencial de los enjambres o grupos de abejas en medios naturales que se trasladan con su reina y que, en esa búsqueda de un espacio para establecer una colonia —sobre todo las abejas africanizadas—, pueden presentar un comportamiento agresivo que incluye ataques a personas o animales que se encuentren cercanos al enjambre.
Pero es indiscutible que este insecto ofrece diversos beneficios a la sociedad, entre los cuales se encuentran la producción de miel, propóleo, polen, jalea real y apitoxina, que son utilizados tanto como complemento nutricional como terapéutico.
En este sentido, no solo se trata de la especie de abeja (Apis mellifera Linnaeus) (Hymenoptera: Apidae), que tiene aguijón, cuya historia es digna de una película, sino más bien de la riqueza de abejas con y sin aguijón que incluyen los géneros Euglossa, Eufriesea, Trigona, Melipona y Apis, entre otros, que tienen un papel vital en la polinización de plantas silvestres que preservan la biodiversidad y de cultivos de interés agrícola que son importantes para la seguridad alimentaria en Panamá.
Todas estas especies tienen un impacto en la población y cultura panameña, en la producción agropecuaria y en el desarrollo de la apicultura nacional. Por esta razón, es importante tomar conciencia de la necesidad de preservar y proteger a las abejas.
Las abejas, que en la actualidad se han visto afectadas por diferentes factores limitantes de sus poblaciones, enfrentan amenazas como la contaminación por pesticidas, el cambio climático, el avance de la frontera agrícola, la expansión de nuevas zonas urbanas y factores fitosanitarios como la varroosis, la nosemosis, la loque americana, la cría yesificada, entre otros problemas asociados a microorganismos e invertebrados.
Todos estos hechos han impulsado la implementación de medidas de control tales como las buenas prácticas apícolas y el manejo integrado de plagas dentro de cultivos aledaños, que, aunados a la constante comunicación y capacitación de apicultores, constituyen una alternativa creciente para el desarrollo de la actividad apícola en Panamá y el mundo.
En Panamá se requiere seguir investigando la biología, biodiversidad, comportamiento, productividad y los elementos inherentes a las especies de abejas con y sin aguijón del país, por todos los beneficios antes expuestos que nos brindan. Sin duda, estos estudios tienen que estar aunados al establecimiento de espacios naturales, como jardines y zonas silvestres con flora diversa y fuentes de agua, donde las abejas puedan establecerse de manera segura, sobre todo los enjambres naturales que son desplazados por el avance de la frontera agrícola y urbana.
Por tanto, no solo se trata de impulsar la apicultura como actividad; se trata de impulsar todo el entorno que las abejas requieren para realizar de la mejor manera su trabajo ecológico. Aunque en ocasiones se habla de escenarios dantescos para las abejas, también es cierto que estos factores despiertan mayor conciencia sobre su importancia como sinónimo de seguridad alimentaria, biodiversidad, resiliencia, sostenibilidad, socioeconomía y como ejemplo para nuevas innovaciones dentro de nuestra sociedad panameña.
El autor es profesor especial de Centro Regional Universitario de Los Santos.


