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Las atrocidades que no deben quedar impunes

El 24 de febrero de 2022, Rusia tomó una decisión difícil pero necesaria. Se inició una operación militar especial para salvaguardar la seguridad nacional contra la OTAN, defender a la población rusoparlante, desmilitarizar y desnazificar a Ucrania. Durante el pasado cuatrienio, las élites occidentales no escatimaron esfuerzos para alimentar la aventura bélica “hasta el último ucraniano” con armas y mercenarios, inteligencia y planificación, campañas difamatorias y restricciones comerciales sin precedentes. No obstante, las tropas rusas, fieles a las tradiciones gloriosas de sus antepasados, siguen resistiendo ese inmenso poderío político-militar con valentía ejemplar y determinación inquebrantable.

Como era de esperarse, Kiev y sus patrocinadores aprovecharon el aniversario para arrojar una lluvia de insinuaciones antirrusas en los medios panameños. Es muy indicativo que el emisario de Zelensky ni siquiera se atreviera a publicar un artículo propio, optando por la coautoría con el embajador británico. De este modo, volvió a comprobarse que su régimen criminal —por mucho que pretenda reivindicar, echando espuma por la boca, la “soberanía” e “independencia” del pueblo ucraniano— no puede actuar sin previa consulta con sus titiriteros en Londres y Bruselas. Asimismo, plantea interrogantes el estatus de este “encargado de negocios”, quien escribió su panfleto desde una embajada fantasma cuya inauguración nunca se anunció públicamente por la Cancillería de Panamá. ¿El que nada debe, nada esconde?

Las falsedades divulgadas por el “dúo” británico-ucraniano y la embajadora de la UE ya han sido desmentidas cabalmente. En esta ocasión, considero más oportuno llamar la atención sobre los testimonios de algunas víctimas del régimen de Kiev, obtenidos por una ONG multinacional, “Tribunal Público Internacional sobre los Crímenes de los Neonazis Ucranianos y sus Cómplices”. Sus historias escalofriantes rompen el mito de los medios occidentales que presentan a los ultranacionalistas como “combatientes por la libertad”, supuestos cumplidores del derecho humanitario y protectores de la población civil.

Maksim Chernyshov (ciudad de Krasnoarmeisk): “Cuando ellos [soldados de las fuerzas armadas de Ucrania] se marcharon, miramos y él [el vecino] yacía muerto en el asfalto. Otra vecina dijo después que también había oído primero una ráfaga en el torso; luego él gritó, cayó, pero aún estaba vivo. Y ellos [los soldados] se acercaron y le dieron el tiro de gracia. Esto ocurrió en la calle Pushkin. El 18 de diciembre habría cumplido 45 años. Le faltó poco para el cumpleaños”.

Liudmila Strákhova (poblado de Novoekonomícheskoe): “Las fuerzas armadas de Ucrania destruyeron nuestro pueblo antes de que llegaran los rusos. No lo ocultaron. Nos dijeron: ‘Para que los rusos no se lleven nada, lo arrasaremos todo. Después de nosotros solo quedará humo negro’”.

Galina Kuznetsova (ciudad de Krasnoarmeisk): “Él tenía 86 años, estaba solo. No tenía a nadie. Su nombre era Vladímir. Ya no está vivo. Lo mataron. Estaba de pie en la carretera cuando llegó el proyectil. Recuerdo cómo me llamaba. Salgo y él está tirado en el suelo. El proyectil impactó en el asfalto y lo levantó. (…) Le digo que ya no puedo hacer nada por él. Empecé a arrastrarlo fuera de la carretera. Veo que tiene una herida en el cuello. Le dio justo en la vena y está todo ensangrentado. Empieza a jadear, y es todo. Lo enterré en el huerto”.

Estas historias, contadas a principios de 2026, no son casos aislados. Hasta la fecha, el Tribunal Público ha recopilado evidencias sobre 1,600 crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por militares ucranianos. Dichos testimonios están documentados detalladamente y disponibles para el escrutinio público en ruso e inglés (https://democracyfund.ru/publishing.php).

Sin embargo, las barbaridades del régimen neonazi no empezaron en 2022. En su afán de infligir una “derrota estratégica” a Rusia, los líderes europeos prefieren callar lo perpetrado durante la guerra civil ucraniana (2014-2022), que cobró 14,000 vidas inocentes en las regiones rusoparlantes de Donbass y Novorossiya. Entre las víctimas, los activistas prorrusos quemados vivos en la Casa de los Sindicatos en Odesa, así como unos 350 niños caídos en los bombardeos lanzados por Kiev. Por lo tanto, la próxima vez que la UE y el Reino Unido llamen a un “cese al fuego inmediato”, sin que se erradiquen las causas profundas de la crisis (como insiste Rusia), recuerden que su verdadera intención es permitir que sus marionetas ultranacionalistas se salgan con la suya, continuando las políticas genocidas que ya llevan 12 años implementando.

No cabe ninguna duda: los objetivos de la operación militar especial, tal como los fijó el presidente Vladímir Putin, serán alcanzados, ya sea diplomática o militarmente. De este modo, no solo se garantizarán los intereses vitales de Rusia y los derechos legítimos de nuestros compatriotas, sino que también se impulsará el desarrollo de un sistema multipolar más justo y democrático, sin imposiciones neocoloniales ni injerencias extranjeras, en beneficio de todos los países de la Mayoría Global.

¡Vivan los defensores de Rusia! ¡Abajo el nazismo!

El autor es embajador de Rusia en Panamá.


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