Los aficionados a los juegos de cartas están muy familiarizados con esta expresión, ya que, en un juego de póker, significa justamente eso: poner las cartas sobre la mesa, es decir, mostrar tu jugada a los competidores. Al hacer esto, simplemente se comparan las cartas y se resuelve la partida. En la vida cotidiana, este concepto sirve como metáfora para la resolución de conflictos ante temas polémicos. Quien pone las cartas sobre la mesa revela sus intenciones con total sinceridad, transparencia y claridad, esperando así aclarar una situación problemática o confusa. La idea es que, cuando todo está a la vista, es más fácil debatir, llegar a acuerdos, resolver conflictos o aclarar situaciones.
El asunto viene a colación, toda vez que me parece que ya va siendo hora de que el gobierno nacional y, por ende, su principal vocero, el presidente de la República, pongan las cartas sobre la mesa con respecto al controversial tema de la apertura o no de la mina, y no esperen a que se inicie el Mundial de Fútbol para intentar meternos un gol, a la vieja usanza de los madrugonazos de antaño.
Por cuenta de una malsana y enquistada tradición política en nuestro país, las decisiones gubernamentales trascendentales suelen aprobarse a trastiendas y en el ocultismo, razón por la cual terminan, casi siempre, en enfrentamientos de posturas acaloradas y desgastantes, en lugar de convertirse en ocasiones propicias para el intercambio previo de ideas que fortalezcan el diálogo más que el debate, como fórmula para construir consensos entre gobernantes y gobernados, en el marco de una agenda de país centrada en la honestidad y la transparencia, sin ocultamientos ni medias verdades.
El problema de la suspicacia, preocupación y desconfianza que, en efecto, se ha ido generando entre los panameños en torno al tema de la eventual reapertura de la mina, conforme pasan las semanas y los meses —y que, desafortunadamente, ha sido calificado reiteradamente por el presidente Mulino como “simple morbo y politiquería”—, radica en varios aspectos fundamentales que paso a detallar:
En primer lugar, no debemos ni podemos olvidar, por ningún motivo, el hecho de que, en noviembre de 2023, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) declaró inconstitucional el contrato entre la empresa minera y el Estado panameño, debido a 25 violaciones a nuestra Carta Magna expresamente señaladas en el fallo. En paralelo al pronunciamiento final de la Corte, se produjeron además multitudinarias protestas durante casi tres meses exigiendo el cierre de la mina, con un saldo adicional de cuatro fallecidos en las calles.
No obstante, en contraste con esta referencia básica, ineludible y necesaria para empezar a abordar el tema de la posible reapertura de la mina con responsabilidad y respeto, el presidente Mulino, desde un principio, ha decidido obviarla y prefiere concentrar sus esfuerzos en descalificar a quienes se oponen a la reapertura, subrayando al respecto que “su prioridad es responderle a un país, no a un grupito”. Incluso, en alguna no muy bien pensada ocasión, reemplazó la palabra “grupito” por “cuatro gatos”. No quiero ni imaginar que, por “cuatro gatos”, el presidente Mulino se refería a los cuatro humildes panameños fallecidos en las manifestaciones multitudinarias de noviembre de 2023.
Por su parte, resulta, por decir lo menos, inaudito y vergonzoso lo expresado recientemente por el ministro Julio Moltó, del MICI, en una entrevista ante los medios de comunicación, cuando dijo que “lo inconstitucional es el contrato, no la empresa minera”. Este silogismo engañoso, cercano a un oxímoron, revela a todas luces la velada intención, por parte del gobierno, de querer reanudar o continuar la relación de explotación minera, en caso de reapertura de la mina, con la misma empresa First Quantum Minerals, que operó de forma ilícita y sin contrato durante seis años, entre 2017 y 2023. Esa misma empresa que, al margen de la infame y grotesca concesión perpetrada a su favor por Cortizo y Carrizo, explotó unas 13,600 hectáreas adicionales, aumentando así los niveles de contaminación ambiental. La misma empresa que pagó apenas un 2% de regalías por el cobre. Que además se llevó el oro, molibdeno y otros minerales inherentes a la explotación del cobre. La misma empresa que tuvo el descaro de interponer demandas y arbitrajes internacionales contra nuestro país, en lugar de sentirse avergonzada y ser ella la que debería estar siendo demandada por incumplimiento y robo, en vez de ser prácticamente defendida y exonerada de culpa por el ministro Moltó.
Si bien es cierto que la realidad económica y las cifras de desempleo del país son alarmantes, utilizar la narrativa del miedo para tratar de convencernos de que, sin el enclave de Donoso y sin la explotación minera, el país se va a la quiebra, no solo es deleznable, falso y perverso por parte de quienes abanderan dicho discurso —llámense voceros gubernamentales, gremios empresariales e influencers pro mina, incluida la propia empresa First Quantum, que recorre a sus anchas el país montando pabellones alegóricos en todas las ferias hablándonos de sus bondades—, sino que además dicha postura inerme y genuflexa, en lo que respecta al actual gobierno, hace muy poca o ninguna diferencia con respecto a lo actuado por gobiernos anteriores, como si la vergüenza que estos nos causaron no fuera ya suficiente.
Finalmente, tal y como acertadamente lo señaló el fallo de la CSJ de noviembre de 2023, es necesario puntualizar que “ningún aspecto económico está por encima de los derechos inalienables del ser humano: la vida, la salud y la biodiversidad (ambiente, agua y calidad de vida)”. En tal sentido, vaya que tenemos esperanzas en que el actual ministro de Ambiente, Juan Carlos Navarro, se ocupe de defender a capa y espada los intereses ambientales de nuestra nación, si tomamos en cuenta, por ejemplo, su reciente actuación al aprobar de un plumazo el aberrante proyecto de ley propuesto por su copartidario Benicio Robinson, que permite realizar construcciones sobre los pastos marinos de Bocas del Toro y las costas de todo el país. Además, después del hecho, como quien no quiere la cosa, el ministro Navarro, sin disimular su nerviosismo, se desvive en redes sociales tratando de convencernos de su inquebrantable devoción ambientalista, por lo que ahora se dedica a la observación de pajaritos.
Señor presidente, llegó la hora de mostrar sus cartas.
El autor es escritor y pintor.


