Las democracias no desaparecen necesariamente cuando se dejan de celebrar elecciones. Con frecuencia empiezan a deteriorarse mucho antes, cuando las instituciones encargadas de limitar el poder pierden independencia y eficacia. Votar es indispensable, pero no suficiente para garantizar una democracia. También hacen falta jueces independientes, organismos de control sólidos, una ciudadanía informada y una prensa libre capaz de investigar sin intimidaciones. Cuando esos pilares se debilitan, el equilibrio institucional comienza a romperse y el poder encuentra menos obstáculos para expandirse. La libertad de expresión no protege únicamente a periodistas o medios de comunicación. Protege el derecho de toda la sociedad a conocer, debatir y fiscalizar a quienes gobiernan. Sin información confiable no existe deliberación pública, y sin ella la democracia pierde su capacidad de corregirse. Las instituciones rara vez colapsan de un día para otro. Se erosionan lentamente. Por eso, defenderlas antes de que sea demasiado tarde sigue siendo la mejor garantía para preservar la libertad.
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Las democracias también se enferman
28 jul 2026 - 05:00 AM