China lleva años realizando exploraciones en las regiones polares del planeta. Mientras muchos países ven estas zonas como territorios inhóspitos, China ha identificado oportunidades y, con su característica paciencia, se ha preparado para enfrentar y superar los retos que representan. Se ha dotado de modernos rompehielos que operan en las dos regiones polares, así como de un número de científicos que le ha permitido conocer los ambientes árticos y desarrollar una tecnología adecuada para apoyarlos. Ningún otro país cuenta con la capacidad instalada para explorar y navegar por los polos, pues se requiere una cantidad de rompehielos que solo tiene China, además de su inigualable “fábrica de científicos”.
En el Ártico, el país asiático ha ido más allá de la investigación científica, respaldando sus acciones con inversiones estratégicas y el apoyo gubernamental. Cuenta actualmente con una creciente flota de rompehielos y buques equipados con cascos reforzados, lo que le permite garantizar el tránsito de sus embarcaciones de carga por aguas congeladas con un alto grado de eficiencia y seguridad. Han desarrollado sistemas de monitoreo satelital en tiempo real, lo que le ha permitido a China superar antiguos obstáculos de navegación y logística y perfeccionar su infraestructura ártica. Mientras tanto, potencias marítimas occidentales se han quedado rezagadas frente al avance chino.
Una clara muestra de este éxito es que, en 2025, China realizó 14 viajes de portacontenedores a través de la llamada Ruta Marítima del Norte. Esta nueva autopista marítima ha revolucionado la logística y el comercio global, acortando miles de kilómetros el intercambio de mercancías entre Asia, Europa y América del Norte. El tiempo de tránsito que antes superaba el mes ahora puede reducirse a casi una semana.
El avance chino ha generado tensiones geopolíticas con el país que presume tener el “ejército más letal del mundo”, autodenominándose el “policía” del planeta. Dicho país ha intentado controlar Groenlandia para asegurar el dominio de esa ruta ártica, imitando tácticas como las aplicadas por Irak en el estrecho de Ormuz, donde solo permiten el paso a los buques que ellos deciden. Dinamarca, sin embargo, ha defendido la soberanía de Groenlandia y el conflicto permanece latente.
De igual forma, ese mismo gobernante —que no es confiable— ha intentado apropiarse del Canal de Panamá, instalando bases militares (que no denominan como “bases”) y personal armado, lo que ha sido visto como una ocupación encubierta para controlar otra de las rutas marítimas más importantes del mundo. Esas intervenciones han limitado la soberanía panameña, ya que nuestros gobernantes actúan sin agallas bajo la influencia de esos intereses foráneos.
Como un claro ejemplo, recientemente el jefe del Comando Sur visitó a nuestro “Gringuillo” y, como resultado, en un mensaje que circuló en las redes sociales, se manifestó que “Juntos (Gringolandia y Panamá), combatiremos el narcoterrorismo y garantizaremos la seguridad permanente del Canal de Panamá”. También indicó el visitante que “La seguridad es la base de la estabilidad y la prosperidad, y nuestra creciente asociación con Panamá beneficia al pueblo panameño y hace que Estados Unidos sea más seguro”. Esta falacia no es otra cosa que un engaño al pueblo panameño, que se mantiene en un nivel de ignorancia, y quien pone en riesgo la neutralidad del Canal es precisamente Estados Unidos. Nuevamente hago alusión a la lengua partida que tienen las serpientes y su boca llena de veneno, pues todos estos enviados o visitantes dicen algo, pero significa lo contrario. También cito como recordatorio a Ronald Reagan, quien afirmó que las palabras más aterradoras son cuando el gobierno dice “estoy aquí para ayudar”.
China ha demostrado una visión estratégica a largo plazo, obteniendo resultados tangibles. El Ártico, antes una frontera virgen, ha sido aprovechado por el país que supo prepararse para ello, logrando avances impensables en poco tiempo. Simultáneamente, desde 1983 China ha explorado la Antártida y, desde su primera expedición, tuvo el objetivo de obtener resultados a largo plazo en una región rica en yacimientos submarinos de gas y petróleo, además de recursos minerales como oro, carbón y uranio. Aunque las condiciones extremas y los altos costos han impedido la explotación masiva, China cuenta con la tecnología y recursos humanos, económicos y científicos para incursionar en estos campos cuando los acuerdos geopolíticos lo permitan, en contraste con las políticas de otros actores cuyo interés es el de “conquistar” o imponerse bélicamente.
Actualmente, China mantiene cuatro bases científicas en la Antártida y una quinta en construcción, distribuidas estratégicamente a lo largo del polo sur. A finales de 2025, dos rompehielos transportaron a 413 miembros de la 36ª Misión Antártica de China y, a su vez, llevaban pertrechos para abastecer sus cuatro bases, incluyendo la base de Kunlun, ubicada en uno de los puntos más remotos de la región. Esta base de verano, establecida en 2009, sitúa a China como líder en la investigación científica en el polo sur, además de ser fundamental para estudios astronómicos con aplicaciones civiles y militares, incluyendo el perfeccionamiento de sistemas de navegación satelital, como el BeiDou, que compite con el GPS estadounidense.
La participación de China tanto en el Ártico como en la Antártida ha dado resultados positivos en muchos campos, posicionando al país a la cabeza en el escenario geopolítico actual.
El autor es ciudadano.


