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Le están quitando la comida de la mesa a los panameños

Le están quitando la comida de la mesa a los panameños

Hay familias panameñas que llegan a la quincena contando monedas. Hay madres que deben decidir si compran alimentos o medicamentos. Hay trabajadores que, después de largas jornadas, no logran cubrir la canasta básica, el alquiler, la electricidad y el transporte. Mientras tanto, en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea se han conocido los altos salarios de algunos embajadores y cónsules panameños en el exterior. Son cifras alejadas de la realidad que vive la mayoría de los panameños.

La diplomacia es necesaria. Un buen embajador puede atraer inversiones, abrir mercados y defender los intereses nacionales. Pero, cuando los salarios, los gastos de representación, los viáticos y otros beneficios alcanzan cifras exorbitantes, el pueblo tiene derecho a preguntar: ¿qué resultados recibe Panamá a cambio de tanto dinero?

Mientras un trabajador panameño se esfuerza durante un mes entero para llevar a su hogar un salario mínimo que muchas veces no alcanza para cubrir las necesidades básicas, algunos funcionarios reciben ingresos mensuales que superan ampliamente lo que una familia humilde podría reunir durante años.

El problema es que esos recursos salen del bolsillo de los panameños. Cada balboa del Estado proviene del esfuerzo de quienes trabajan, pagan impuestos y producen.

Por eso, cuando el dinero público se utiliza para sostener privilegios, cargos políticos o beneficios que no guardan proporción con la realidad del pueblo, se le está quitando la comida de la mesa a los panameños.

La corrupción es una fábrica de desigualdad. No siempre se presenta con un maletín lleno de dinero ni con un contrato escandaloso. También aparece cuando el poder se utiliza para favorecer intereses particulares, repartir puestos entre allegados o colocar a familiares y personas cercanas en cargos privilegiados.

La corrupción no solamente roba dinero. La corrupción roba oportunidades. Y vale la pena recordarles a quienes toman dinero de la corrupción las palabras del papa Francisco: quien adquiere ese dinero “da de comer a sus hijos pan sucio”.

También es inevitable hablar del nepotismo y de la imagen que proyectan ciertos nombramientos. El hermano del presidente ocupa la Embajada de Panamá en Portugal. El hermano del ministro de Salud ejerce como embajador en Colombia. Además, un familiar del canciller ocupa un cargo consular en Asia.

Tener un vínculo familiar con una autoridad no significa, por sí solo, que una persona carezca de preparación o capacidad. Sin embargo, cuando familiares de las principales figuras del Gobierno aparecen ocupando posiciones diplomáticas o consulares, es natural que surjan cuestionamientos.

En estos casos, la responsabilidad del Gobierno debe ser mayor: demostrar que cada nombramiento responde al mérito, la experiencia y la preparación, y no a la cercanía con el poder.

Panamá necesita fortalecer una verdadera carrera diplomática. Los nombramientos deben responder al mérito y a la capacidad, no a la cercanía política ni a los vínculos familiares. Los cargos en el exterior no pueden convertirse en premios, favores o refugios para quienes tienen conexiones.

El Gobierno no puede pedir sacrificios al pueblo mientras mantiene estructuras costosas y privilegios difíciles de explicar. No puede hablar de austeridad mientras algunos funcionarios disfrutan de ingresos que contrastan con el salario mínimo y con la realidad de miles de hogares.

Gobernar no puede significar abrir puertas para los cercanos mientras se cierran oportunidades para el resto. Se debe fiscalizar el uso de los recursos públicos, exigir resultados, revisar privilegios y defender el dinero del pueblo.

Porque cada privilegio injustificado tiene un costo. Ese costo lo paga el trabajador que no llega a fin de mes, la madre que deja productos fuera del carrito del supermercado y el paciente que no consigue medicamentos.

Mientras unos disfrutan salarios exorbitantes, muchos panameños siguen luchando por poner comida sobre la mesa.

Y cuando el Estado protege privilegios antes que atender las necesidades del pueblo, no está gobernando para todos.

Le está quitando oportunidades a la nación. Y, en muchos casos, le está quitando la comida de la mesa a los panameños.

El autor es trabajador independiente.


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