Mientras los países se encuentran inmersos en complejas discusiones sobre cómo se distribuyen los costos de la transición hacia un mundo de bajas emisiones de CO2, el tiempo parece agotarse y se requieren soluciones eficaces para afrontar el cambio climático, tanto en términos de mitigación como de adaptación.
Si bien se requieren acciones de gran escala, no debemos perder de vista las soluciones que los propios mercados están generando, en el intento de buscar alternativas más allá de los modelos centralizados.
Es así como los compromisos corporativos por el clima y la naturaleza y el mercado voluntario de carbono son herramientas críticas que, si se hacen y se usan bien, podrían desempeñar un papel importante en la acción climática corporativa, apoyando positivamente el viaje colectivo de nuestro mundo hacia un futuro de cero emisiones netas y naturaleza positiva.
El mercado internacional de carbono consiste en créditos y compensaciones de carbono que representan emisiones evitadas o carbono eliminado, o su equivalente, de la atmósfera. Las empresas e individuos compran créditos para compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Probablemente hasta ahora, los bonos más conocidos eran los verdes, provenientes de proyectos de conservación y regeneración de bosques; sin embargo, los ecosistemas marinos tienen un gran potencial de captura y ya se vienen desarrollando iniciativas interesantes en este sentido.
Justo la semana pasada, en el marco de la COP27, se presentaron “Los principios y guías del mercado de carbono azul de alta calidad”, una iniciativa desarrollada a través de un proceso consultivo y abierto entre expertos de diferentes áreas y patrocinado por diferentes organizaciones, como el Foro Económico Mundial, Friends of Ocean Action, Ocean Risk and Resilience Action Alliance, Conservation International y Meridian Institute, entre otras.
Esta iniciativa busca promover el desarrollo sólido de un mercado de carbono azul, pues si bien es un mecanismo de mitigación muy atractivo, dada su gran capacidad de captura y almacenamiento de carbono que tienen los ecosistemas costeros, hasta la fecha carecía de estándares consistentes que minimizaran la posibilidad de estar financiando proyectos de baja calidad y el consecuente efecto de greenwashing.
Desde un punto de vista práctico, un comprador o inversionista podrá usar los principios y orientaciones para tomar decisiones de compra y ayudar a identificar proyectos de la más alta calidad. Para proveedores y desarrolladores de proyectos, ayuda a garantizar que estén implementando recursos y creando productos que se alineen con aquellos que buscan comprar créditos o invertir en carbono azul.
Los cinco principios, en términos generales, son salvaguardar la naturaleza, empoderar a las personas, emplear la mejor información y principios de contabilidad de carbono, operar contextual y localmente y movilizar capital de alta integridad. Si desea conocer en detalle estos principios puede consultar el documento en merid.org.
Sin duda será de gran importancia para que las empresas puedan participar en el mercado de manera responsable y contribuir con sus operaciones a conservar los ecosistemas marinos, intentando garantizar resultados sostenibles y equitativos para las personas.
El autor es coordinadora adjunta del Centro de Sostenibilidad y Liderazgo Responsable del IESA y directora de consultoría de Across
