Cuando se creó el Resuelto 887 AL del 23 de marzo de 2023, este obligó a los centros educativos públicos y privados a adecuar sus reglamentos internos, otorgando un período de seis meses para ello. Sin embargo, han pasado tres años y ninguno ha acatado el mandato de la norma. Ahora son los mismos directivos que han incurrido en desacato quienes nos señalan como desobedientes a las reglas y, por tanto, indisciplinados.
No hemos violado ninguna norma, ni cometido delito alguno, más allá de mostrar con orgullo y legalidad nuestro cabello afro como símbolo de identidad y dignidad. No portamos doble tono, rayas ni diseños; solo afro natural y rizado.
Solo anhelamos continuar nuestros estudios en una escuela que sea escenario de convivencia pacífica e igualdad, donde las miradas prejuiciosas y acusadoras de directivos, inspectores y docentes no nos hagan sentir delincuentes. Algunos adeptos a nuestra causa, en silencio, nos sugieren no transitar por los pasillos para evitar situaciones. Pero ¿por qué ocultarnos? No hemos hecho nada malo más que portar nuestro pelo afro, nuestro pelo “malo”, como lo tildan algunos.
Somos negros, pero no somos chicos malos; por el contrario, somos estudiantes estudiosos, esforzados y respetuosos. Somos pobres, pero soñamos en grande. No entendemos, entonces, por qué los directivos de nuestra escuela se han ensañado con nosotros, prohibiéndonos participar en programas de becas internacionales y usando sus influencias para impedir que seamos beneficiados por programas de responsabilidad social empresarial. Qué triste resulta cuando se atenta contra nuestro futuro. Luego, incluso el presidente nos augura un futuro como delincuentes.
Los adultos no imaginan el barullo de pensamientos y sentimientos que sus palabras y acciones hirientes nos provocan al caer la noche, cuando estamos en la cama. ¡No lo entendemos! Es el cabello que Dios nos dio y lo portamos con orgullo porque Dios no hace basura y, aunque algunos piensen que es feo, malo o antihigiénico, Dios dispuso que creciera hacia el cielo.
“Yo no hablo con perigones”, “tu cabello mancha el uniforme”, “¿estamos en guerra o en paz?”, “mira a mi hijo, se ve guapo con su corte”, “mi cabello es mejor que el de ustedes”. Estas palabras fueron pronunciadas por directivos y una docente contra nosotros. No creemos que sean justas, pero no guardamos rencor, solo silencio. De las autoridades educativas regionales tan solo recibimos mofa e intimidación: “al cumplir 18 años serán expulsados”.
No hemos infringido ninguna regla. ¿Acaso el mencionado Resuelto no otorga legalidad al porte del cabello afro natural o rizado? ¿Acaso, dentro de la jerarquía jurídica, los reglamentos internos de los centros educativos no son de rango inferior respecto de la Constitución, las leyes y los resueltos? En suma, la legalidad está más que comprobada y los prejuicios más que injustificados. No es victimismo: es la historia real, reciente, vivida por Maykel y Kelvin.
El autor es docente.


