Leonardo Padura es uno de los escritores más importantes de América. Más allá de los premios (el Hammet, el Chandler, el Princesa de Asturias, entre otros), es conocido como el padre del inspector Mario Conde —ya van diez novelas—, que nos va enseñando cómo la ficción siempre ha sido un aliado para la comprensión de la «realidad», de nuestra circunstancia, no solo personal, sino también nacional y continental. Y más allá del inspector, es un excelente ensayista, como demuestra en Un camino de medio siglo: Alejo Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso (busquen también Yo quisiera ser Paul Auster. Ensayos selectos), y también en el libro que nos ocupa, Los rostros de la salsa (Tusquets, 2021), que no es simplemente un libro de entrevistas, es una crónica ensayística, una búsqueda intencional de dibujar una historia de la «salsa», o por lo menos dejar un punto de partida desde el que salir a buscar los motivos de uno de los sonidos fundamentales de nuestro continente.
En este libro compuesto de catorce entrevistas, Padura no solo nos revela las caras más relevantes de la historia de la salsa, sino que nos presenta el corazón del género en la voz de Johnny Pacheco (Crónica mayor de la salsa), Willie Colón, Mario Bauzá y nuestro Rubén Blades (al que entrevista dos veces), y en la de los merengueros Johnny Ventura, Wilfrido Vargas y Juan Luis Guerra, cuyos vínculos musicales con la salsa, la influencia de esta en lo que han hecho y las mutuas admiraciones y las grandes alianzas que han hecho, dibujan un panorama vitalista y muy aleccionador del origen, crecimiento, esplendor y también las horas bajas de la salsa, invitándonos a participar de una discusión de alto nivel emocional e intelectual.
Leonardo Padura y Rubén Blades van a conversar en el marco del Festival Centroamérica Cuenta, que este año se realiza en Panamá en el mes de mayo. Las entrevistas que recoge Los rostros de la salsa al cantautor panameño tienen distintas fechas. La primera (Rubén Blades: Decisiones. Veinte años después, y siempre, la vida te da sorpresas) está fechada en 2019, y la segunda (Buscando a Rubén Blades), reescrita en el año 1993, fue realizada en Gijón en el año 1989. Empieza con una noticia que actúa como disparadero para esa reescritura: Blades se presenta a las elecciones del 94 y Padura se pregunta “desde cuándo Rubén Blades empezó a trabajar para ella…”, para esa noticia de ser candidato a la presidencia de su país. Dos conversaciones que dejan muy bien dibujado el perfil del autor de Plástico, Sorpresas y GDBD.
El texto Diez razones y cinco opiniones para creer (o no) en la existencia de la salsa, cierra este valioso libro, confirmando su vocación de ensayo y de discusión en voz alta sobre la vigencia y legado de la salsa, tan elogiado por García Márquez y Carlos Fuentes, tan decisivo en la carrera de muchos otros escritores latinoamericanos que reconocen las influencias literarias y musicales en sus obras, y que no dudan en afirmar que mucho de lo que han escrito no sería posible sin el amplio imaginario de sus letras.
Una obra ágil, escrita con ritmo y conocimiento de causa, como el que exhiben los entrevistados al hablar de su arte. No solo es hacer música, es conocerla para poder trabajar con ella, es mezclar sabiendo lo que se hace, es recorrer un camino sinuoso y feliz, sabiendo de dónde se parte, pero sin saber a dónde se va: allí está el origen y el corazón revelado de un género fundamental.

