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Leviatán 2.0 y juegos de guerra

Leviatán 2.0 y juegos de guerra
Dos hermanas iraníes se dan la mano frente a un edificio dañado en el sur de Teherán, Irán, el 15 de marzo de 2026. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

“La primera víctima de una guerra es la verdad”, decía el historiador Denis Hermann, especializado en el siglo XIX y XX de Irán, al ser entrevistado en un foro de Radio Francia Internacional, al recordar un pensamiento de Sir Winston Churchill. Con esta antesala preventiva, las ideas que pueden esbozarse respecto a la actual guerra en Irán no pretenden establecer un final, ya que ignoran muchos datos clave, pero sí permiten medir las tensiones involucradas para tener inteligencia sobre los factores que posibilitan una variedad de escenarios de desenlace. Me centro aquí en dos elementos que abonan a discusiones más profundas: uno de los protagonistas (al que denomino Leviatán 2.0) y el contexto geoespacial involucrado.

La figura literaria del Leviatán de Thomas Hobbes ha tenido distintos matices históricos, pero en lo esencial se inspira en el miedo humano, que, creyendo que “el hombre es un lobo para el hombre”, cede la soberanía personal y colectiva a una entidad que llamamos Estado, a fin de que gobierne sobre la sociedad y evite el caos a través de una coerción socialmente aceptada entre él y los participantes del acuerdo. Ahora, al final del primer cuarto del siglo XXI, se perfila una nueva versión de este personaje, que, a despecho de los intereses comunes, utiliza el poder obtenido desde el gobierno interno de su país para crear situaciones límite de inestabilidad en el orden mundial, con el objetivo de incrementar su dominio en el ámbito exterior mediante medidas intimidatorias (aranceles y embargos comerciales) y acciones que vulneran el Derecho internacional (secuestros, asesinatos, amenazas de invasión, entre otras).

Sobre esta base, que describe a uno de los actores del actual conflicto en Irán, resulta interesante analizar cómo dicho personaje interactúa en el contexto histórico actual, siguiendo algunas de las ideas de la página web Predictive History, que, inspirada en la psicohistoria de Isaac Asimov, y aplicando la teoría de juegos, sugiere pistas para entender los movimientos estratégicos de los participantes en diversos ámbitos, desde una partida de ajedrez hasta una novela o una guerra.

Remontándonos a la división terráquea original (la partición de Pangea), la superficie terrestre quedó dividida en dos grandes bloques: el conformado por Eurasia y África, y el continente americano. Históricamente, las primeras civilizaciones humanas tomaron contacto y desarrollaron lazos por la vía terrestre, favoreciendo en Eurasia conexiones comerciales como la famosa Ruta de la Seda (que se extendió desde el siglo II a.C. hasta el siglo XV, cuando entró en auge la vía marítima por influencia europea). Al incorporarse el continente americano a la dinámica mundial, inicialmente como colonias europeas y luego como repúblicas, la vía marítima alcanzó predominio y tuvo un salto de calidad cuando, previo a la Primera Guerra Mundial, se produjo la transición de máquinas de vapor (dependientes del carbón) al petróleo. Sumado a esto, el establecimiento del dólar como moneda de cambio global posterior a la Segunda Guerra Mundial dio lugar al llamado petrodólar, que consolidó un dominio financiero sólido desde América hacia el resto del mundo.

Ahora bien, a partir de 2013, China propuso la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que, inspirada en la citada Ruta de la Seda, busca reactivar las relaciones internas de Eurasia y África a través de corredores de infraestructura y comercio. Esta posibilidad constituye una amenaza lógica al orden vigente, pues daría primacía a intercambios económicos entre los países de dichas masas continentales, con la posibilidad de independizarse del patrón del dólar estadounidense. Desde este juego de posibilidades, cobra sentido toda acción del Leviatán 2.0 que procure distanciar particularmente a Europa de socios del este como Rusia (ya sea mediante el conflicto bélico en Ucrania o a través del sabotaje al Nord Stream 2, que transportaba gas ruso a Europa vía Alemania), o que mantenga políticamente inestable el Medio Oriente o la región de Irán, como puentes terrestres clave para el avance de la IFR.

La pregunta que queda abierta es: ¿logrará el Leviatán 2.0 imponerse en este juego de guerras o terminará consumido por sus propias contradicciones internas?

El autor es docente universitario.


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