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Libertad para Venezuela… ya

Hace exactamente diez días me bajé de un avión procedente de Caracas, donde estuve durante diez días en una misión católica: específicamente una Convivencia con Cristo, de la Escuela de Espiritualidad Comunidad Convivencia con Dios, nacida en Argentina hace más de 40 años. Junto con hermanos de México y Venezuela, llevamos este retiro espiritual a más de 50 venezolanos necesitados tanto de aliento espiritual como de apoyo material.

La necesidad de ese pueblo me tocó profundamente. Nunca imaginé que el salario mínimo en Venezuela fuera equivalente a menos de B/.2.00 por mes (260 bolívares, en la llamada República Bolivariana de Venezuela). A ello se suma el cacareado “Bono de Guerra”: unos B/.200.00 mensuales para quienes el gobierno identifica con la revolución chavista, mientras que a los considerados “reaccionarios” apenas se les otorga el equivalente a B/.100.00, debido a la devaluación de la moneda.

La gran mayoría de venezolanos sobrevive con actividades de emprendimiento: vendiendo arepas, empanadas, quesos o frutas en las calles. Sus rostros reflejan tristeza, atrapados entre la desilusión y la esperanza de un mejor país.

El sentimiento generalizado de las más de 50 personas con las que conversé era de tristeza nacional. Me contaban que, si desayunaban, no almorzaban; o que debían conformarse con una arepa con caraotas (frijoles negros). Otros, si lograban almorzar, apenas desayunaban una arepa con queso y a dormir con eso. La electricidad se iba cada dos días por largos periodos, sin explicación clara.

En el aeropuerto observé situaciones que reflejan la arbitrariedad del régimen. A una venezolana que viajaba en mi mismo vuelo le quitaron el pasaporte sin motivo: su “falta” había sido vivir fuera del país por más de cuatro años. A una española nacionalizada venezolana le exigieron presentar de inmediato una foto de la cédula de su esposo. Ante la falta de señal para comunicarse, el oficial de migración respondió con frialdad: “ese es su problema”.

Para mí y para los demás servidores del retiro fue inmensamente satisfactorio llevar esperanza a estos hermanos venezolanos a través de la Convivencia, confiando en que también se produzcan cambios en su país. Todos quedaron con el deseo de más convivencias como CcPablo, CcPedro, CcMaría, CcEspíritu, CcTrinidad y CcDios Amor.

En nuestra Escuela compartimos ese deseo, aunque sabemos que dependerá de lo que ocurra en un país al que, dentro y fuera de sus fronteras, millones de personas le desean lo mejor: libertad para Venezuela y para su pueblo sufrido.

Quiero subrayar que todas las personas con las que tuve contacto mantienen una fe ardiente y un firme deseo de cambio de rumbo para su nación.

El autor es ingeniero agrónomo.


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