La Semana del Libro se celebra del 22 al 29 de septiembre, por Decreto 237 del 27 de mayo de 1957. Pero el primer Día del Libro se realizó el 16 de junio de 1926. La historia del libro en Panamá está pendiente por escribirse.
El libro ha tenido muchos amigos, pero también ha tenido sus enemigos. Según nos refiere Jorge Luis Borges, Platón los veía como estatuas: parecían seres vivos, pero no se podía discutir con ellos; por eso inventó el diálogo platónico. Sócrates consideraba la escritura como “un monólogo desconsiderado”. Pitágoras no dejó una línea escrita. Es probable que “no quería atarse a un texto” y que pretendiera que “su pensamiento siguiera viviendo y ramificándose”, nos revela Borges.
Shin Huang Ti, el emperador que edificó la Gran Muralla China, hizo quemar todos los libros anteriores a él con el propósito de que la historia empezara a partir de su reino.
En la Edad Media, los monjes censuraron la lectura y el conocimiento y los limitaron a los monasterios. En 1610 se constituyó el Tribunal de Cartagena de Indias, que se encargó de controlar todo lo que se leía en el Nuevo Mundo. En 1536, el humanista William Tyndale fue estrangulado y luego quemado por haber traducido la Biblia en inglés a sus compatriotas de Inglaterra. Y Sir William Berkeley, gobernador de la colonia británica de Virginia en 1671, agradecía a Dios por no tener escuelas gratis ni imprentas, por considerarlas una forma de herejías que propagaban la desobediencia. En nuestra próxima entrega hablaré de los amigos del libro.
Hoy solo quiero dejar una reflexión. Me llama poderosa y tristemente la atención que ya no celebramos la Semana del Libro como lo hacíamos en el pasado. Era una fiesta que, pese a no existir las redes sociales, no pasaba inadvertida. Desfiles y ferias en los parques en torno al libro eran comunes; las escuelas se vestían de gala con los libros. ¿Qué nos ha pasado? ¿Será que hoy tenemos nuevas formas de tiranía contra el libro? ¿Nuevos enemigos?
El autor es escritor y promotor de lectura