Frustración es la palabra que mejor describe cómo me siento ante la coyuntura que vive el país. Es lamentable este Panamá con corrupción, inseguridad, injusticias, impunidad, y la lista sigue. Entristece más aún que, aunque muchos nos sintamos así, no hagamos lo suficiente al respecto. Nos limitamos a ventilar frustraciones y amarguras en redes sociales o con amigos y familiares.
Las protestas esporádicas son insuficientes para lograr cambios. Las manifestaciones pacíficas son acontecimientos aislados tras los cuales impera una desmemoria colectiva para seguir empujando hasta obtener resultados. Nuestra indignación es efímera: dura hasta que el próximo reality show estrene. Somos un pueblo de mecha corta, pero de memoria aún más corta.
El problema radica en que no hay líderes que inspiren a seguirlos hasta lograr un cambio. Abundan pseudolíderes que atraen a algunos seguidores al convertirse en sus voceros ante injusticias. Muchos no llegan a nada debido a sus agendas ocultas o a su incapacidad de brindar las soluciones concretas que prometieron.
¿Dónde están los líderes que necesitamos? Muchos se encuentran hoy en escuelas y universidades.
Son los jóvenes quienes tienen el poder para inspirar e incidir.
No han sido contaminados por agendas ocultas ni intereses mezquinos. Son quienes, históricamente, han liderado los movimientos que transformaron la sociedad mundial.
Los Malala Yousafzai y Martin Luther King Jr. del mundo, son quienes, a temprana edad y como consecuencia de su activismo, inspiran a muchos seguidores a exigir sus derechos para cambiar el statu quo. Muchos jóvenes con cualidades de liderazgo, paulatinamente tienen protagonismo por levantar sus voces, crear proyectos de incidencia e, incluso, llevar propuestas de ley a la Asamblea Nacional, en Panamá. Nuestro deber es apoyarlos y brindarles las herramientas necesarias para que logren ser los líderes del futuro.
Soy mentor en el Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana (LIIC). Trabajo con 50 jóvenes líderes de todo el país. Los apoyo con capacitaciones para crear incidencia a través de proyectos de impacto para la educación panameña.
Mi frustración del pasado se ha convertido hoy en optimista esperanza, ante estos jóvenes deseosos de provocar cambios positivos.
Son los jóvenes que muy pronto liderarán los movimientos de cambio que urgen. Nuestro deber cívico es acompañarlos y apoyarlos. Tenemos la responsabilidad de empoderarlos para que alcancen su potencial y sean los líderes que necesitamos.
Como decía el novelista John Buchan, “La tarea del liderazgo no es poner grandeza en la gente, sino provocarla, porque la grandeza ya está ahí”.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación y CEO de Tutorez