La hambruna es el común denominador del comunismo en los siglos XX y XXI.
Durante el transcurrir de los años 30 en la Rusia Soviética, producto de las políticas de Estado de izquierda, murieron millones de personas debido a la insuficiente producción de alimentos. Con el tiempo, este fenómeno se repetiría en China, entre los años 50 y 60 en mayor proporción.
Solo es necesario observar la historia para comprender la realidad de los desastres que deja la implementación de los sistemas comunistas sobre la sociedad.
Y ahora pregúntese usted, querido lector, ¿cuántas vidas se esperan por la hambruna en Venezuela? Todo esto sin contar las que ya toma el gobierno en las protestas, las personas que mueren en los hospitales por la falta de medicamentos, los que intentan salir del país y terminan muriendo en una tierra que no les pertenece. ¿Quién se conduele por esta tragedia? ¿Qué hermano latinoamericano alzará su voz por esta injusticia?
Hay gente llorando y nadie consuela; hay gente gritando y nadie escucha, nadie se acuerda de Venezuela hasta que caen las personas muertas.
Será muy triste, con el pasar de los años, que se cuenten por millones los muertos y se diga que nadie hizo nada. Será deprimente el día que toda la humanidad despierte y ya no sienta empatía por el dolor ajeno.
Si quedan humanos de verdad, es hora de que se preocupen de evitar genocidios, que se preocupen de la clase de persona que ponen como presidente, que se preocupen de sus hermanos de tierra, sus hermanos de idioma, que se preocupen por las vidas que se pierden a diario y que no se queden como una cifra inmensa en las páginas de la historia.