Se trata de una actividad que desempeña un papel importante en la reducción al mínimo de la contaminación ambiental, pudiendo reducirse en un 50% la emisión de basura de un hogar.
De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial y reducir considerablemente la generación de desechos mediante actividades de prevención, reducción, reciclaje y reutilización, son metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Adicionalmente, otra meta es asegurar que las personas de todo el mundo tengan la información y los conocimientos pertinentes para el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza.
Cuantas más personas conozcan los ODS, mayores serán las posibilidades de que creemos un mundo mejor para todos. Sin embargo, no debemos dejarles toda la responsabilidad a los gobiernos, nosotros como ciudadanos y habitantes del planeta nos toca una gran parte para lograr disfrutarlo libre de contaminación y dejar un legado a las futuras generaciones.
Haciendo la parte que me corresponde en estos objetivos, comparto una acción innovadora y hasta divertida: el lombricompostaje, una tendencia que comenzó a crecer durante la pandemia.
El lombricompostaje es el aprovechamiento de la acción de algunas especies de lombrices, como la lombriz roja o californiana, que según estudio realizado por la Universidad de Stanford y publicado en Environmental Science & Technology, esta especie es capaz de transformar materia orgánica en materia prima rica en proteínas que sirve como abono para la tierra. Por otra parte, expertos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), indican que las lombrices de tierra son consideradas “ingenieras de los ecosistemas”.
Estas lombrices producen el humus, el mejor abono que existe para los vegetales del jardín y el huerto. Este se obtiene del proceso de alimentación de las lombrices de tierra, que digieren la materia orgánica, la descomponen y expulsan deshechos ricos en nutrientes para las plantas. Su textura se asemeja a la de los restos del café o la tierra de bosque.
¡Sí! Se trata de tener lombrices en casa y alimentarlas con desechos alimenticios que generamos en nuestro hogar. De otro modo, estos desechos orgánicos irían a parar a un vertedero municipal donde desprendería gases de metano en su proceso de descomposición, el cual es 30 veces más dañino para el medio ambiente que el CO2 y contribuye al calentamiento global.
Al realizar esta actividad, evitamos la generación de gas metano y creamos el mejor abono que existe para la naturaleza y también ayudamos a reducir el uso de fertilizantes químicos.
Al inicio suena un poco extraño que tengamos gusanos en casa y quizás nos preguntemos si esto atraerá otros insectos o incluso malos olores por los desechos orgánicos. Las personas que actualmente realizan esta actividad comentan que no es así.
No importa si vivimos en apartamentos o espacios pequeños, ya que solo se requiere un recipiente donde colocar tierra mojada, las lombrices rojas californianas y los desechos orgánicos como cáscara de fruta, semillas, vegetales dañados, pan, cáscaras de huevo, huesos, entre otros desechos orgánicos no condimentados y colocar agua periódicamente. No existe ningún riesgo si se liberan estas lombrices en el terreno, toda vez que se encuentran de manera natural en nuestros ecosistemas.
El tiempo de generación de humus depende del número de lombrices que haya en la compostera. Recomiendan esperar de 6 a 9 meses. También se puede realizar en parques donde las personas lleven sus desechos orgánicos, los depositen y cada uno darle los cuidados que se requieran. Es una actividad que además de contribuir con nuestro granito de arena hacia un mejor planeta, también puede servir como hobby y ayudar a nuestra salud integral. Los huertos urbanos en Panamá ya existen, comencemos a utilizarlos más.
Actualmente, el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (Idiap) ha realizado varias investigaciones y capacitaciones sobre este tipo de compostaje. También el Municipio de Panamá cuenta con un sistema en el Parque Municipal Summit.
La autora es diplomática de carrera, abogada y ambientalista.
