El momento geopolítico
El 15 de abril de 2026 quedará registrado en los anales de la logística marítima. Ese día, un buque metanero con destino a China pagó 4 millones de dólares en una subasta del Canal de Panamá para saltarse la cola. La prima promedio por cruce de emergencia se disparó de 55,000 a 385,000 dólares.
¿La causa? El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, ha obligado a las refinerías asiáticas a reemplazar crudo de Medio Oriente por crudo estadounidense. Y la ruta más corta entre el Golfo de México y Asia es el istmo de Panamá.
El Canal opera a máxima capacidad, pero esa capacidad tiene un techo. Allí entra la verdadera oportunidad, que no es una, sino dos: una ya existe y otra está por nacer.
La solución olvidada: el oleoducto de Petroterminal de Panamá (PTP)
Desde 1982, Panamá cuenta con un oleoducto de 130 kilómetros que conecta Chiriquí Grande (Caribe) con Charco Azul, Puerto Armuelles (Pacífico). Hoy opera con una capacidad de 860,000 barriles diarios (b/d).
¿Por qué es relevante ahora? Porque permite que los supertanqueros (VLCC), que no pueden cruzar el Canal, descarguen en un lado, bombeen el crudo por tierra y lo recarguen en el otro. Es un puente terrestre sin restricciones de calado.
El problema: 860,000 b/d es insuficiente. Un solo VLCC transporta hasta 2 millones de barriles.
La necesidad inmediata: expandir PTP a 2.5 millones de b/d
Expandir el oleoducto existente permitiría manejar el volumen de crudo estadounidense que hoy busca llegar a Asia, descomprimir el Canal y generar ingresos fiscales extraordinarios para Panamá.
La oportunidad es evidente. El oleoducto es una empresa mixta con participación mayoritaria del Estado (59%), lo que facilita la toma de decisiones estratégicas. La expansión requiere que sus actuales propietarios exploren el interés de los clientes potenciales y luego inicien los estudios técnicos y financieros.
¿Quiénes deberían liderarla? Las compañías energéticas estadounidenses (como ExxonMobil y Chevron), los traders internacionales (como Vitol y Trafigura) y los fondos de infraestructura energética.
La solución del futuro: el gasoducto del Canal de Panamá
En paralelo, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) avanza con un gasoducto interoceánico de 76 kilómetros para transportar GLP, propano, butano y etano. El proceso de selección del concesionario había sido anunciado para finales de 2026, pero la ACP comunicó una extensión del plazo para que los interesados elaboren propuestas robustas. Se espera cerrar la licitación a principios de 2027.
Datos clave del proyecto:
• Capacidad: 2.5 millones de b/d equivalentes.
• Inversión: 2,500 millones de dólares.
• Empleo: 6,500 puestos en construcción y 9,600 en operación.
• Ingresos para el Estado: más de B/.1,500 millones anuales en operación.
• Valor agregado al PIB: B/.2,700 millones anuales.
Las ventajas son evidentes: no utiliza agua dulce, no tiene limitaciones de calado y ofrece tiempos de tránsito garantizados.
La oportunidad dual: crudo hoy, gas mañana
Panamá tiene dos activos complementarios. El oleoducto PTP existente (860,000 b/d actuales, con potencial de expansión a 2.5 millones de b/d) reemplazaría crudo de Medio Oriente con crudo americano. El gasoducto ACP proyectado (2.5 millones de b/d equivalentes) reemplazaría gas de Medio Oriente con GLP americano.
La expansión del oleoducto podría ejecutarse en un plazo relativamente corto. El gasoducto se concretaría a más largo plazo.
El impacto económico inmediato para Panamá
Si ambos proyectos se concretan, Panamá estaría ante una transformación histórica.
Los ingresos anuales estimados serían significativos: el oleoducto expandido generaría unos 2,000 millones de dólares y el gasoducto más de 1,500 millones, según estimaciones de la ACP. El empleo total alcanzaría decenas de miles de puestos directos e indirectos.
La ACP ha señalado que los proyectos se financiarán por su propio mérito, sin comprometer la hoja de balance del Canal, que ha reducido su deuda de más de 3,000 millones a unos 600 millones de dólares.
Inversiones sin riesgo: quiénes deben invertir
Ambas obras serían financiadas con capital extranjero, minimizando el riesgo fiscal para Panamá.
Para el oleoducto PTP (crudo): compañías estadounidenses (ExxonMobil, Chevron, Phillips 66), traders (Vitol, Trafigura), fondos de infraestructura (Brookfield, Macquarie) y fondos soberanos asiáticos.
Para el gasoducto ACP (GLP): compañías estadounidenses (Energy Transfer, Targa Resources) y compradores asiáticos (ENEOS, SK Energy, Itochu).
El argumento es simple: inviertan y aseguren capacidad de transporte a precios competitivos, o sigan pagando primas de 4 millones de dólares en subastas.
La neutralidad como ventaja geopolítica
El 23 de abril de 2026, Irán interceptó un buque con bandera panameña en el propio Estrecho de Ormuz. En contraste, los sistemas panameños operarían bajo un régimen comercial y neutral. A diferencia del Canal de Suez o del Estrecho de Ormuz, Panamá no puede vetar un tránsito por tubería por razones políticas. Para los aliados de Estados Unidos es la ruta más segura; para China e India, una alternativa pragmática.
Conclusión: la ventana de oportunidad
La crisis de Ormuz no durará para siempre, pero el mundo no volverá a ser el mismo. Los compradores asiáticos han aprendido que depender de un solo estrecho es un riesgo existencial.
Panamá tiene ahora una ventana única. Para aprovecharla se necesitan tres cosas: acelerar la expansión del oleoducto PTP a 2.5 millones de b/d, cerrar la licitación del gasoducto a principios de 2027 y vender en Asia el concepto del “corredor dual” como complemento del Canal marítimo.
Panamá no puede reemplazar la geografía de Ormuz, pero sí puede ampliar su función logística. En un mundo donde el tiempo es dinero y la seguridad energética son prioritarios, el istmo está llamado a convertirse en la ruta de la resiliencia.
Panamá lo tiene todo: dos tuberías, una ya funciona y otra está por nacer. Solo falta la voluntad de abrir la llave y el capital para expandirla.
“Lo que está en juego no es solo el petróleo o el gas, sino la capacidad de Asia para mantener sus luces encendidas sin pagar precios de guerra”.
El autor es práctico del Canal.


