En julio de 2013, en el año previo a las elecciones, escribí el artículo “Los candidatos que no queremos…”; hoy, 11 años después, en una nueva coyuntura previa a las elecciones, comparto las siguientes líneas revisando y comparando la realidad de hace años.
Sabemos que pronto iniciarán la definición de los escenarios, con los candidatos a los diferentes puestos de elección, desde representantes hasta el presidente, y nuevamente se lanzarán las campañas, con sus eslóganes, actividades, etc. Y ahora, sumado a lo habitual, está la utilización de las redes sociales en los procesos de campaña.
Tal vez la pregunta pertinente en esta coyuntura inminente sería: ¿qué candidatos queremos? Pero, aunque no sea común, hablaré de lo que no queremos.
No queremos candidatos “que abracen y carguen bebés en sus brazos”, sino candidatos que comprendan y presenten en sus planes de gobierno (medibles) las políticas públicas que implementarán para la primera infancia y la educación.
No queremos candidatos que hablen de la corrupción, indicando lo funesto que es o el daño que ocasiona, sino candidatos que planteen medidas a seguir en contra de la corrupción. Tal vez sería un buen inicio el nombramiento de ministros, directores y similares por mérito y capacidad, sean o no de su partido o grupo.
No queremos candidatos que hablen de la generación de empleos, sino que expliquen en su plan de gobierno las medidas coherentes y viables para promover el empleo, pero no solo empleo, sino trabajo decente con salario justo.
No queremos candidatos que hablen de la importancia de la familia y de la defensa de la vida, sino que definan sus posturas y manifiesten sus medidas en esta dirección.
No queremos candidatos que hablen de la situación de migración que aumenta en nuestra región, sino que enumeren sus acciones y/o medidas para abordar esta situación que afecta a hermanos de países de la región y a nuestro país.
No queremos candidatos que hablen de la economía o de la inversión económica que necesitamos como país, sino que puedan presentar un plan de acciones en esta dirección que pueda entenderse, que sea ejecutable y que los resultados esperados sean de beneficio social y común.
No queremos candidatos que se pasen en los medios de comunicación y redes sociales, “echándole la culpa” a las administraciones anteriores de situaciones que deben resolverse, sino candidatos que, frente a estas situaciones, identifiquen y planteen medidas viables de solución en lugar de perder el tiempo en ataques a otros candidatos.
No queremos candidatos que se pasen haciendo trabajos físicos, raspados, practicando deportes, haciendo “espectáculos” o realizando tareas que usualmente no hicieron en su vida personal para generar “taquilla” en redes sociales; queremos candidatos que, desde su realidad, conversen con los grupos, trabajadores, empleadores, etc.; que escuchen y así puedan entender cómo traducir esas inquietudes en sus planes de trabajo.
Al final, queremos candidatos genuinos, no perfectos, pero sí honestos, que no actúen de una manera ante el público y de otra manera tras bastidores.
Buscamos candidatos con un perfil para el cargo, con las competencias propias y/o con equipos competentes, sin discriminar entre hombres y mujeres, o por partido político, u otras diferencias. Que no presenten planes elaborados únicamente desde una mesa de tecnócratas, sino planes que hayan sido validados por las organizaciones representativas de la sociedad, que tengan indicadores de medición para poder evaluar la viabilidad, coherencia y aplicabilidad. Que se puedan ejecutar.
Queremos candidatos que sean emocionalmente inteligentes, que puedan tomar decisiones sin miedo al costo político, sino con miras al beneficio común de todos los panameños y panameñas.
El autor es consultor