Apegándonos a la definición del diccionario de la Real Academia Española, un delincuente es quien comete un delito, sin hacer referencia a que sea juzgado, condenado, liberado o evitado castigo alguno, utilizando cualesquiera de los subterfugios legales que lo hacen sentirse exonerado.
En nuestro Panamá, tenemos décadas de estar llenos de delincuentes que cometen actos de “lesa patria” y hasta burdas asociaciones, cuyo propósito es delinquir para desfalcar las arcas del Estado, todo esto con las consecuencias de favorecerse y condenar a la población a un futuro empeñado y privado de las necesidades básicas como salud, educación y sistemas de “oportunidades igual para todos”.
Cada día salen a relucir a la luz pública nuevos hechos y nombres de delincuentes que bogan libremente en un mar de impunidad, ya que nuestro sistema judicial ofrece una seguridad de no castigo.
Los hijos de estos delincuentes, me refiero a esos dependientes que prefieren ignorar la procedencia de esos fondos ilícitos y se hacen beneficiarios de los bienes mal habidos de sus padres, optando por disfrutarlos y aceptar esa forma de vida, o sea que desde ya se definen como delincuentes del futuro. Este es el relevo generacional que nos espera o sea la perpetuidad de la delincuencia.
Por desgracia, cada vez son más y nuestra sociedad, que es muy permisiva, más bien halaga a estos jóvenes por sus logros obtenidos, como automóviles de lujo, educación en instituciones internacionales de renombre, tarjetas de crédito con límites complacientes, dinero en efectivo abundante y claro, acompañados de una “gallada” que les llena el ego y disfrutan de los “parkeos” y fiestas en discotecas, yates y lugares privados.
Estos jóvenes deambulan por todas partes, sin recibir un reproche, discriminación o muestra de indignación de alguno de sus pares descendientes de padres honorables, y que muy pronto en la vida, estos delincuentes se convertirán en su competencia para los puestos de trabajo y oportunidades y que ellos consideran “el derecho preferencial a que tienen por su papi o su mami”.
Al no ser repudiados por la sociedad, como una muestra de indignación y forma indirecta de castigo a los padres delincuentes, el índice tácito de aceptación social sigue en aumento y así como vemos los aumentos en los reclutamientos en ciertos partidos políticos, el futuro de Panamá está comprometido y ya estamos al borde del despeñadero, ya que mucho del relevo generacional que se aproxima viene formado de una casta de delincuentes.
Termino con una nota jocosa, un chiste de Pepito.
“Estaban en clase y la maestra pidió a los alumnos que dijeran algo sobre el trabajo de sus padres. Cuando le llegó el turno a Pepito, él respondió que su padre era travesti. ¿Cómo así?, le pregunta la maestra. Es que me da pena decir que él es diputado”.
El autor es ciudadano.
