Desde que recuerdo, cada cinco años la esperanza se apodera de la población, y nuevamente empezamos a creer en nuevos comienzos que traigan consigo bienestar. Comienza un nuevo vencedor y se repiten, una y otra vez, los daños que quedaron, lo que se hizo o se dejó de hacer por el gobierno anterior. El pueblo empieza a exigir celeridad en las actuaciones y quiere que, con una varita mágica, los problemas desaparezcan, pero eso no es así. La buena administración toma tiempo, nos dicen. Seguimos en la espera; culmina el período y volvemos al mismo espiral de esperanza. Es allí donde nos preguntamos: ¿qué debe cambiar?, ¿qué hicimos mal esta vez?
Realmente, no hemos hecho mucho, quizás porque dejamos todo en manos de otros y decidimos no involucrarnos más allá de lo que nos cueste. Pero lo cierto es que, detrás de cada gobierno que termina, quedan huérfanos. ¿Quiénes son esos huérfanos? Pues somos muchos, y aquí te dejo saber de algunos...
Quedan huérfanos aquellos que solo saben gozar de las mieles del gobierno y basan sus ingresos en los negocios que durante esos años manejaron, lo cual no está mal, porque todo debe tener su final. Me preocupan más aquellos huérfanos de trabajo, ya sea porque una mala administración no creó el ambiente adecuado para hacer crecer la inversión privada y nos vendieron la idea de que el Estado debería llevar la carga, o porque simplemente no cambiamos la mentalidad de depender del Estado.
Quedan huérfanos miles de personas que, como tú y yo, solo esperaban que el Estado nos brindara mejores y más modernas instalaciones de salud. Y es que este es un derecho que, durante muchas administraciones, ha quedado rezagado. Las promesas de campaña nos hablan de nuevas instalaciones; algunas llegan, pero vacías de personal, equipo, insumos. Al final, esto no llega a suplir las necesidades mínimas que requiere un pueblo o ciudad.
Quedamos huérfanos de educación moderna, tanto en infraestructura como en el aspecto académico. Veraguas es el vivo ejemplo de años de espera para poder decir que el sector educativo ha tenido algún avance. Quedamos huérfanos miles de panameños que sufrimos de vías poco accesibles e intransitables. ¿Cómo queremos que crezca la provincia si el turismo no puede ser explotado porque llegar a estas áreas representa más un dolor que una alegría? Es inconcebible creer que los lugares potencialmente turísticos brillarán con solo el hecho de existir.
Quedan huérfanos aquellos de áreas lejanas a los que no les llegó el desarrollo, aquellos que, a pesar de estar a pocos minutos de la ciudad, fueron olvidados por quienes una vez prometieron que llegarían para trabajar. Quedamos huérfanos miles de personas que vimos cómo nuestro esfuerzo y trabajo honrado por sacar el país hacia adelante se vio burlado por aquellos que, sin temor alguno, robaron las arcas del Estado, mutilando de esta manera la esperanza de que llegarían a nuestras vidas nuevas instalaciones de salud, nuevas escuelas, medicinas a bajo costo para así aplacar un poco el dolor de aquellos que ya lo dieron todo y que, llegada la vejez, necesitan sentir un poco de alivio a sus males y a su bolsillo.
Quedamos huérfanos muchos en silencio... en silencio, pues ya no creen en la justicia, porque el sistema fallido y corrupto les demostró que no siempre la justicia aplica para todos y que aquellos con un poco más de dinero o poder pueden reír de último y a carcajadas.
¿Será entonces que, al final del camino, veremos equidad, justicia, igualdad y un poco de alivio ante las necesidades que aquejan al pueblo, o por el contrario, seguiremos huérfanos? Tengo la esperanza de días mejores, pero esta viene acompañada del esfuerzo de muchos para, en conjunto, sacar el país hacia adelante; de otra manera, no será.
La autora es ciudadana.